lunes, 29 de diciembre de 2014

B5- EL SUEÑO DE LAUTREC

Los bastones y las cosquillas pertenecen a la historia del artista pasado. En el artista, los tiempos lo marcan las obras. Ahora, sin más, hay dos amantes tapados de sábanas a los que se impone  darles todo el color pastel que necesiten para seguir amándose o soñando que se aman, como sueña Lautrec; cuerpito tendido en la silleta que, con los ojos cerrados, puede hacerles creer a los que miran, con curiosidad, que duerme. Cansado del flirteo con bailarinas, de proporcionar navíos, de enchastrar los trapos policromos que, convertidos en pasta, untan las mesadas de una cocina.
Ahora que descansa o simula, agita el rictus frenético como movido por esas mismas olas que lo marean al componer un retrato. Cuando en la cubierta recuerda al azar  su origen noble para cautivar al conde que hace la vez de anfitrión, ojeando el programa en sus rodillas de una ópera que no alcanzará a ver. La técnica es el modo menos complicado de plasmar lo que se piensa, no una vez, sino varias veces, sin que se convierta en obsesión, más que todo leve molestia como un zumbido que puede despertar al que dormita plácido sobre una esterilla o tirado sin remedio en el piso de la confitería. Pasarán por el costado, a la sala de maquillaje, dudando de reojo si despertarlo, lo que equivale a levantarlo dejándolo acomodado en otro asiento, no sea cosa que por su talla lo carguen de facto.
Tanto el interés por tomar leche, gesto extravagante que lo acercaba a cierta dignidad entendida, alejándolo de su esencia, o la Legión de Honor del gobierno francés lo tienen sin cuidado. A merced de sus propios contratiempos, que son también los de su sistema nervioso, corre carreras sin moverse, emparenta unos posibles pinceles por extremidades para igualar a las del Folies Verghet en cuanto a destreza. Visual, los ángulos son claves en la contemplación: sin ellos no hay libertad ni ruptura; tan pronto saberlo para deslumbrase con los jinetes que se confunden con el cielo en un movimiento que los contiene e involucra.
Si el sueño pudiera graficarse con una nube, con una almohada o la sonrisa de una arlequina, la que ahora se contorsiona para verle la cara a los enanos. Pensará él: acaso ella piense todo el tiempo en mi y quiera disimularlo para no quedar tan expuesta. Con el arte es distinto: es el exponente que condiciona los factores, sin importar el grado de factibilidad. Es también la posterioridad: lo que hace a los rostros distintos de los barcos, de las ancas de caballos, de los burdeles. Mientras, tirado, hace que duerme magnificando su paz, quieto, siempre quieto, coronado de laureles por los médicos hace rato y sigue, tan cuerpo aparte de las piernas, tan personaje de noche, parisino, figurándose.
En cuestión de minutos alrededor de su estampa tendida, murmuran historias increíbles, algunas de resolución tardía. Anécdotas, sino fueran fragmentos de una continuidad: secuencia amable. A nadie podría parecerle inapropiado el estilo, los modos con que se presenta en bambalinas cortejado por las niñas cuyas piernas rozan las estrellas. Tampoco reprocharle si tal o cual lienzo quedó en veremos, arrollado por un tumulto de alcohol entre la galería y la avenida. Así como él no reprende a los que se ríen de sus aspamentosas caídas, cuando estira sus brazos sobre el piso para saberse largo un instante, adherido como bandera.
El compendio de esas historias, junto a los sueños, más no sea un resumen de historias y de sueños, serviría de leve aproximación para diagramar un tanto desprolija cierta cartografía, que pueda leerse al igual que un afiche de publicidad. De los que se ven pegados en tabernas detrás de barras sostenidas por manos, con la peluca de Jane Avril también sostenida entre tanto invitaciones vestidas reciben el mismo trato que pieles con lunares. Es sueño de Lautrec dejar a las imágenes así, desprovistas de simetría como un mapa cualquiera, cuyo carácter físico lo aventura el despertar.
Los que lavan sus rostros o peinan el pelo en el tocador, saliendo o no a escena en cada módico paso, mirando mojarse las ruinas, en cuclillas en algún paraíso. Detrás tiñéndolo todo la música de otro piano; ayer fueron las cosquillas, la risita que también se extravía entre el gentío que viene a verlas bailar. Acróbatas a trasluz del siglo: son las que parecen claras y son pura bruma, las que seducen despacio, las que exceptúan de la vejez al propio pintor que aparenta dormir sin siquiera estar descansando.


lunes, 22 de diciembre de 2014

A3- FUNCIONARIO

Hábil declarante, siempre de inauguración, ayer lo  al funcionario hablar. Tiene voz de pelado (así, finita, de encadenar sucesos), de entrada le hizo un chiste al conductor sobre el tema que comentaba con la locutora en el piso, sobre una calle de Colegiales. Después comenzó a irse por la tangente, sin inmutarse, hablando de un museo para veraneantes y poco sobre la crisis del partido de gobierno, él, agregado cultural hoy, embajador ayer, secretario de algo mañana. Quiso hacerle, de gusto, una finta dialéctica al interlocutor que procuró pararlo en seco, porque estaba cerca el top, por ende el informativo; los presentadores cambian el gesto si hay retraso y la finta quedó trunca pero sin borrar la sonrisa que seguramente tenía, confundida con la pantalla de su tableta que luego soltará como si quemase, suspirando antes de estrechar alguna mano diestra. De profesión, funcionario, con los roperos atiborrados de trajes para la ocasión de defender una causa, así dicha en genérico: la cultura, el protocolo, las fronteras, lo que dura una gestión para regresar quien sabe de dónde con una cuota  de poder en el bolsillo interior junto a un prospecto para bajar la ansiedad. Suministrado en espacios y personas congeladas en un perímetro donde la palabra del buen parlamentario pesa como la lana de toda esa esquila, amontonada en una montaña al descubierto, oreándose cual rostro con la ventanilla baja porque el custodio permite. ¿Qué tan seguro se siente un funcionario de mediano rango, medianamente conocido? Para detenerse en el semáforo, observar al costado para asimilar el verso de la Democracia, aunque sepa que no se trate de la Acrópolis griega eso que lo aminora con cementeras verticales. Si sueña con bocas de lobos o platitos con nueces será un enigma que, quizás, devele alguna anotación dedicada, cuando contrate por dos mangos a algún pibe que le haga de fantasma sus memorias, para constatar lo demasiado que pensó en todas las áreas, siendo poco lo que habló pese a la verba inflamada y a los monitores que requieren sus sintagmas. Hoy por hoy, su modulación sabe a premio consuelo en temporada: ausentes los popes aún con esfuerzo de producción para llenar otro piso con él, diligente, con su voz nasal de pelado, con temor al masaje capilar.


jueves, 18 de diciembre de 2014

B2 – HISTORIA DE S.T.

S.T. es eficiente en lo que hace aunque suele caer en tentaciones. Tratamos, ahora que es responsable del Departamento de Necrológicas, de evitar que su mirada personal tiña lo que hace y sea lo más técnico y preciso posible. La entrega de cada informe debe ser clara en cuanto a sexo y cargos, considerando que esos datos dan cuenta de la magnitud de la personalidad fallecida. La curiosidad del dato de color no solo mata al gato, en estos casos, sino también a un buen profesional. Nadie duda que S.T. lo es, que puede sacarle jugo a las piedras, encontrar relaciones impensadas. Hay ciertos periodistas de investigación que requieren sus servicios por esa facilidad para recordar tal o cual nombre situado en un contexto equis. La muerte no deja de ser una debilidad para incitar a los contactos. A veces prevalecen las formas, la compulsión de la presencia en ese último instante, más no sea para marcar territorio. Eso S.T. lo tiene claro, no hay necesidad que se lo remarque cuando noto que enciende sus ojos con avidez ante cada cruz o estrella de David que aparece publicada en los diarios capitalinos. Mentiría, además, sino destacara que el departamento fue creado en parte por el empuje y la energía que él depositó en su revisión desde el primer día, cumpliendo a rajatabla horario, revisando páginas fúnebres del pasado, dando muestra de la memoria soberbia que lo llevaba a aciertos indudables, como aquel del sobrino del presidente del Banco Sacro, cuyo nombre, a su vez, tributaba a un Ministro de Economía de mala reputación.
Lógicamente no faltan los que desprecian el trabajo de S.T. y hasta, con obviedad, especulen acerca de los que a él lo saludaran el día que fallezca. Deberían incluirme porque saben la estima que le tengo a S.T., hasta pueden pensar que no deja de ser un temor oculto, inconciente, a la muerte propia. Aunque si me preguntaran diría con énfasis que temo más a la agonía porque para eso no hay página social que valga: hay avisos de gracias al personal médico pero no espacios repletos de eufemismos para el que enferma gravemente. Puede separarlo una laguna o un océano del suspiro final, quizás haga una línea de mella en el aviso que S.T. revisará y poco más. Aunque él, con su precisión, colegirá que es muy diferente un deceso lento a uno violento y así hasta dejar en claro que lo suyo no es más que un sacerdocio y que lo enorgullece ser el responsable del Departamento que hemos creado.


jueves, 11 de diciembre de 2014

B1 – NOCHE DE FANDANGO


¿Cómo llamarlo… reducto, bastión? ¿Boliche a secas?

Según la denominación se define el sitio donde ayer eran apenas cien los que entraban. Ahora, cuatrocientos, y hay que apurarse porque sino no falta el que chifla, el que no le importa que una puntilla del vestido se haya corrido o que el flaco necesite repetir una indicación: al del violín para que el acorde no corte el clima, que se suspenda, que a los caños ya no nos vamos a ir, al menos por esta vuelta. Va a ser larga la vuelta, lo sabe la Beba que hace como que cierra los ojos para espantar a algún pesado. Lo saben y agradecen los que hablan como perros, imprecando al desprevenido que se asoma porque le dijo alguien que hay fandango y que puede sentarse cómodo en una mesita al costado del escenario a oír las quejas o los soplidos del cantor. Ayer estuvo en televisión, con la boca seca porque el vino que había era de canje, berretón, y las sonrisas de utilería. Ves, me digo, porque conviene hablar de estas cosas, que llaman tango, englobando al corso y la fanfarria, sin matices, como queriendo igualar a la orquesta, apenas llegar y mirar de reojo el salón, principado del curioso que confía en la mano que le toca.

Pero ¿cómo llamarlo, entonces? ¿Fondín lejano, lejano? 

Con seca austeridad intuye que no podrá irse sin que alguien lo note. Es una parte del trato que considera aunque no lo explicite, como el turista que ve bailar a dos adolescentes sin pestañear, sobre una tela mínima oficiando de piso. La más menuda, danza con algún que otro complejo; la otra, alta, inspira decisión: imagina la sombra de su pierna antes de moverla. De barba tupida y lentes pequeños, el extranjero aplaude solo, busca la proximidad, clave de sol que le marque el inicio de su aventura, aunque difícilmente concluya feliz. El manto que atraviesa a los que aquí se reúnen no tiene contemplación, ni hay ajuste cambiario que devalúe el espleen de los permanentes.

 ¿Cómo lo llamará, ella, acostumbrada al sitio? 

Ocupada en su labor, rara vez se detiene a precisar las figuras del entorno. Le llegan en segundo plano los gritos y el sonido de una nota quebrada, pero sin sorpresas, sin que quite de pronto los ojos del ojal en el que enhebra una aguja más fina. En el subsuelo une dos pedazos de tela, los junta; arriba son dos rodillas distintas las que se mezclan, quebrándose, haciendo dobladillo, con otra figura, otra medida que realce el torso, la cintura es del que manda cuando amaga moverla y lleva el pie en la misma dirección, como una puntada prolija para hacer, en silencio, bastan las miradas, posar bien los ojos sobre una superficie igual a que si leyera un crucigrama cuatro letras en infinitivo. Ojos, ojos de extremaunción. Mira, mira, a las chicas sin admiración, las mide cautivas no sólo de un diseño sino de una función larga cuyo intervalo es el ocio, pensado para lucir en la entrada próxima, con rutina de sístole veloz hasta rendirse tirada en un rincón.



viernes, 5 de diciembre de 2014

A5- FUGA A LO IMAGINARIO

 III

Podré sentirme onettiano esta noche, sin ser macró ni tabernero. Apenas por esa debilidad en los puños que me impide pelearle a aquel que decretó la ablación, al que fondeó los naipes para aventajarme siempre, para que vea de reojo y dé con mi cuerpo a la sombra o finao. Con pretensión de ciudad sin puerto, cuya cadencia adormece, hace moquear a las viejas, feas, que usan laurel por encima de la dentadura escasa para refrescar las encías. Podré sentirlo cuando ya nada importe, con el presagio de una ceguera a flor de piel, mordido por la neurosis y enfermo de delirio, contando al aire mil veces los mismos recuerdos personales, enumerando las promesas de la loca Patri, que descolgó sus blusas y no las entró jamás. Hasta sentir molestos los labios como anillos ásperos e hincar la nariz en señal de disgusto. Podré sentirlo más que nunca al contemplar tres billetes arrugados sobre una mesa de luz nocturna; tres: uno para cada niña que pida su favor. La dosis de alcohol: Ayer estabas tan linda, sonreías, que pena que hayas enfermado tan de golpe. Espero no se te borre la risa cuando te toque el doctor, cuya matrícula resiste a la lluvia. Que pena también no poder ver más seguido el muelle, no tener un auto en alquiler para ser puesto allí un rato largo, acalambrado, revoleando los ojos como hastiados por desesperanza sin un halo de luz, semejantes al oscuro foso entre dos rocas que la luna baña de rebote.
Para qué la prisa adentro del mismo cuerpo, para qué tirar la cuerda permanente si ya se atrofia su proceder, para qué amontonar letras que forman palabras si ya pasé a degüello mi propia empresa: mansa como ternero ajeno, confuso preludio de retreta. Si apenas podré quitarme la ropa en pleno baño de alcoholes, manchando los pechos de una enfermera improvisada que luce apenas un pañol para que los intrusos la reconozcan, consolando un cuerpo carne. Si así me siento esta noche, irremediable instante donde simulan huir sin amagues los códigos que amé y reconstruí para darme existencia: dorada, azul o roja, pequeña partición de alma sana que se evapora cuando duerme.



martes, 2 de diciembre de 2014

RESPIRAR


Recuerdo que hace algunos años, seis o siete, cuando aún el Messenger reinaba nuestras vidas virtuales, antes del final del calendario enviaba a mis contactos medianamente cercanos (por amistad o interés de causar una buena impresión) un documento de Word con el nombre “Rendición de cuentas”. En él agrupaba los escritos que me parecían más representativos o, sencillamente, mejor escritos para compartirlos. De alguna manera me apropiaba la idea de darles visibilidad, de rendir cuentas a aquellos que pudiera interesarles, no desde el sitio del acreedor sino más bien desde el que busca fiduciarios para su emprendimiento.
Dejé la costumbre y ahora se me aparece otro final de año con ganas de rescatarla. Ya el propio mail fue perdiendo terreno, imponiéndose las redes que parecen capturarlo todo: uno, dos, varios peces. Entonces recapitulo y observo lo que hay: un tono de ensayo al cual no le daba importancia, la permanente reflexión y alguna que otra viñeta irónica. Digo que arrastro firme la idea de concretar una serie de escritos sueltos en formato cuento con el tema común de la radio (varios ya fue escritos, aunque esperen chapa y pintura) y una novela ambientada en una milonga tanguera (ahora que reaparece también Lautrec puedo pensar que no es casual esos ambientes de bailarinas y cabarets de la Francia de finales del siglo XIX para la revitalización de esa idea).
Como anda dormitando un blog al que le puse Praga Portátil lo reactivaré al ir subiendo a lo largo de este diciembre esos escritos garabateados con mayor o menor fortuna durante este gentil 2014. Los acompañaré de forma arbitraria con alguna canción que también fue compañera durante los doce meses. Para unir ambas aficiones le daré forma de long play, compaginando en diez escritos (buen número), cinco por lado, no más de cuarenta minutos de duración, el resumen venidero.
Mientras tanto y posteriormente, seguiré escribiendo al pasar en un cuaderno de tapas azules, como en aquella novela de Marechal, o en la cabeza, como una melodía.




lunes, 22 de septiembre de 2014

ESCENAS DE UNA CONVIVENCIA (I)

        Mirko se sacó de golpe, le dio como un golpe de electricidad y dijo moviendo apenas los labios:
        -O te agarro de los pelos hasta verte sangrar o te hago un tajo en el abdomen, una de dos.
        A lo que Frida, la misma que tenía una dulce forma achinada de verlo, no pudo contener la carcajada, estentórea en la casa nido que había alquilado hacía tres meses. 
      Después cuando notó que seguía serio pensó en preocuparse, pero se fue a duchar y lo dejó parado ahí, haciéndose el recio, el homicida latente que no sopla botellas para conservar la capacidad aeróbica de los pulmones.


viernes, 15 de agosto de 2014

PURA PARANOIA

           Los paranoicos y la señora que quiere un turno con el chino. 
          De acá a dos meses, mil quinientos, te hace una radiografía con solo mirarte, en un par de sesiones te deja la rodilla hecha un espectáculo. Ahora sí, los paranoicos, de ellos hablo, que enganchan de refilón todas las charlas para vociferar algo que les queda entripado, bien dispuestos, porque aunque ya cansen no quieren ofender a nadie. Si hasta son capaces de iniciarlo, al diálogo.
       Como aquel que empieza: si fueras capaz de hablar sobre la gente por mero romanticismo te besaría los pies hasta borrarte el contorno de las uñas. No son mis labios los que hablan, en realidad piensan sin moverse:  tantas noches la ecuación sobre lo que quiero conseguir: algo de alivio, ni siquiera un cien por ciento, cinco millones de firmas de acá a dos meses: referéndum sobre la retórica universal o mil quinientas oportunidades para saberme joven y fuerte, creativo, siempre atento, cartel en la autopista y que me generen arcadas los boleros bien cantados. No como paranoicos o señora que no calla nunca mientras aguarda que la vea un enésimo especialista: el próximo paso es la Capital Federal, crema y nata, patria paranoica.
     El del piso 27 se llamó a silencio sin esperar que culmine la disertación, atropellada, como quien pretende en vano huir de la lluvia o se envicia adorando fenómenos locales, elevando a un cualquiera a la altura de los invaluables. No por cualquiera en sí, sino para fraternizar entre paranoicos, metidos a diletantes y buscavidas, casi por la misma senda del médico oriental que no persigue títulos sino reconocimiento para que su rancho de las afueras se abarrote (roga que no llueva cuando te toque el turno porque las calles son pura tierra y es un lodazal). Así El Dorado: dar en la tecla con aquella dolencia (entre medio de las vertebras hay un líquido paranoico que se calma si le das motivos para saberse olvidado).
       Ey, esperen, no vayan a creer: yo también me creí inmortal; me da pudor decirlo pero aún hoy, con poca recurrencia, pero lo puedo creer. O aquello de figurarse que, tal vez, en algún patio donde festejen cumpleaños se te mencione con simpatia o que alguno destaque lo mal combinadas de las prendas o lo ajadas que estuvieron, descuidado aún en la gloria arrastrando una camisa con el cuello por el hombro. Ni siquiera paranoico para rajar a bastonazos a casi todos, si sigue volviendo sin que lo llamen y no por dolor como el de la señora que camina aún porque Dios es bueno con su barba re paranoica.


lunes, 2 de junio de 2014

AUTOAYUDA (soliloquio)



            En la página 126 está lo que necesito. Debo llegar a ella como si fuera una meta, la primera de esta nueva etapa. Las chicas ya volvieron de Europa, visitaron tumbas y museos, así que puedo hablarles con franqueza de lo que me pasa, pero para eso tengo que leer como dijo ese doctor regordete de la tele. Sólo en la lectura, casi una meditación personal, hay pistas para conocerse una misma, como si fuera un espejo lo que se tiene en las manos, aunque de tapa dura, amarilla, agradable para mostrarlo o prestarlo a las que necesitan lo mismo, respuestas, algo parecido a esa sensación de domingo a la tardecita que ya viene automática y por qué, si es una infelicidad que se arrastra desde chica. A fin de cuentas, casi todos tenemos los mismos problemas y es bueno tener quien los ordene, porque siempre hay uno que sabe más, para decir, dar en la tecla con la explicación. Les digo a las chicas pero no quieren entender, se hacen las superadas, dicen que en facebook ya aparece la página 126 y la anterior, que se repiten, que otro la comparte, que otro comenta “hermosa”, ¿otro quien? le digo a las chicas y me dicen a coro, pero separadas, no sé, un conocido que tiene o parece que tiene una vida bárbara. Seguro leyó lo que yo estoy leyendo, pienso, intentando llegar a la 126, aunque no tiene sentido que me apure, sino que debo sentir cada frase, repetirla en la cabeza, casi como el yoga, inhalar exhalar, leer repetir hasta que te quede así, después podes aplicar la enseñanza en cualquier lado: si te dan mal un vuelto, si la yegua de tu compañera coquetea con el proveedor, si te detectan una mancha en la piel, que es todo tóxico como le dicen, te contaminan de la nada... en la medida que vos te dejes contaminar, claro, eso lo dice el doctor: la vida es una puerta, acordate que vos decidis cuando abrir, cuando cerrar, quién entra, quién sale y acordate también que tenes la llave, si cerrás no es tan fácil abrir, cuando estás en el piso dar las dos vueltas es como subirse al Himalaya un día de nieve. Qué claridad conceptual, con que aplomo debe haber traducido esa imagen para que a una se le grabe acá. Igual que la del espejo, que no necesariamente tiene que ser de vidrio, es metáfora, porque también es amarillo, liviano, tranquilizador pese a esa semi ansiedad que recorre los brazos antes de dar con la página donde aparece escrito lo que preciso, ahora que las chicas regresaron y quiero que me vean mejor.

viernes, 9 de mayo de 2014

LA SIMULADORA (II)



            “La torre de agua” de Frank fue un fracaso comercial y casi lo deja afuera del circuito. Por suerte, tenía buenos amigos, no dejó de ser “La voz” y hoy sus canciones hacen sonreír a cualquiera, aún en los momentos más duros, como aquella vez que te surcaron los nervios al imaginar a tu padre preso: ¿Pensaste, de veras, que podía pasarle eso? Le bastaba esmerarse un poco nomás para evitar toda conexión con jeringas y chanchadas así[1]. Preso ni en ciencia ficción. El honor de una familia siempre pesa más: podrías, sempiterna, pasear por Maroñas o San Isidro con tu vestido holgado y anteojos negros. Viendo correr a los caballos se aprende más sobre los sentimientos que con cualquier tradición bilingüe. 
          Esa misma tarde, habían contado la fábula de una empleada de banco divina que se convirtió en reina por los buenos oficios de una amiga y una madre obediente. Que no se preocupe, la consolaron rozandole el hombro, que los padres parecen empecinados en empañar un destino: sean funcionarios de dictaduras o propietarios de equinos con victorias dudosas. Sonreías para adentro, sin perder gracia, mientras por tu cabecita sonaba debilmente una campana que jamás era de largada. Las fábulas, además, hablaban de otros caminos, más normales menos pesados, como hacer un picnic en la luna, rodeada de espejos, sin padres astronautas flotando alrededor. Pudo haber sido por vía bucal o sanguínea, allí residía la dureza de la pena hipótetica. Los brutos dirán, con malicia, que viene de familia de desleales, faloperos y ella tendría que sentarse a modelar día a día su propio honor. O elegir el camino de la simulación: virtud de escatimar poco.

         A su cuerpo armónico le sería raro endurecerse. Encresparse, imitando a un gato entre los caballos: quién sabe cual ha de llegar primero y de qué modo caerán las sospechas entre ciertas amistades voraces. Consumen cuando hay que consumir; llegan siempre tarde, pero no dejan de sonreír, de contar sus últimas hazañas: conquistas, negociados, arrogancias. De algún modo, ella también aprendió un poco, un dado de apariencia, entrelazado sin fatigarla, en la comisura precisa de la boca, chanchada.





[1] El escrito estaba acompañado por dos recortes de noticias cuyos títulos eran: Agarraron a un cuidador jeringueando a un caballo y Lo agarraron jeringueando. Ambas, recuadros pequeños, sin foto ni otro elemento que llamase la atención, más que el título en letra imprenta rojiza.

jueves, 8 de mayo de 2014

LA SIMULADORA (I)


      La conocí en el Hipódromo de Maroñas. Por esos días, el pronóstico anunciaba lluvias sin interrupción. Ella llevaba un sobretodo fino que combinaba con la camisa clara de su padre, ambos se ubicaban en una de las mesas de la confitería que daba a la pista. Venían desde otro lugar, creo que de Montevideo aunque pudo ser desde San Isidro. Ahora dudo y no es algo que me perturbe para relatar, porque lo más importante de una persona no es su procedencia, sino su carácter.

    Como familia noble de padrillos podían sentir tranquilidad. La descendencia garantizaba grandes premios y ventas al exterior. Una de las últimas veces que conversamos me enrostró que tenía la misma torpeza que un sultán al momento de conquistarla. ¿Había algo de cierto en eso? “El hombre que no tiene nada cree que la mujer codicia su soledad. El que lo tiene todo, al revés”. Grave error, dijo después sonriendo con la forma de una curva prolija de su boca. Resultaba indefinido y engorroso pretender algo honesto en su forma de ver, que se acercara a una idea propia. La fanatizaba tocarse las puntillas de raso de las mangas casi tanto como ver a su padre festejar que su producto cruzara primero el disco. A pesar de esa alegría, nunca entendió bien el juego. A pesar o por ello, mejor dicho.

      La paz de la familia es una de las cosas que más se ambiciona cuando resta decidir la madera personal. Ahí ya sos individuo, con una herencia para presumir tal vez: vieron desde potrillos a los alazanes de los que habla el país, conocen a tenientes y funcionarios con estómagos grandes, tienen casas en el campo para los domingos y amplias caballerizas al costado de una ruta. Sin embargo, siempre hay quien se aburra de tanto caudal y quiera hablar con un pobre transcribidor de anécdotas, aunque sin colocar jamás el lazo sobre la mesa.

      Marcas humanas, tics, gestos, modos de correr que no pueden sustraerse por capricho. Se me ocurrió pensar que se trataba de una simuladora, sólo para dotar de mayor fantasía a mis visitas al Hipódromo. Ella con sus palabras medidas comprobaba una rutina  que la excedía: acompañar a su padre a ver correr a los ejemplares que algún antecesor comenzó a tratar con amor, un cariño que ella retaceaba a sus queridos sólo para embeberse de falsa prestancia. Los jockeys se ríen cuando necesitan hacer poco para ganar: pegar lo menos posible, no sofrenar, subir a la balanza sin esfuerzo. Es lo mismo que ir de visita, aunque sabiendo que se cumple con un propósito personal.

        Jamás había visto con tanta claridad la ligazón entre sus tobillos y las ancas de la que nunca fue no placé. Quedarán olvidos hasta cruzar el disco definitivo y esto que transcribo continua después del paseo.


lunes, 28 de abril de 2014

LA RUINA (Radio IV)

-La ruina es girar la ruedita del dial por enésima vez sin encontrar algo que nos motive. Habla, sapo, habla, aquí estoy para escucharte. De yapa, si me dices tu fecha de nacimiento te asevero cual es tu mayor tormento.
-¿Qué sigo teniéndole miedo a las tormentas? ¿Qué tengo problemas para caerle simpático a la gente? Que me duele sonreír o que
-¿Y qué haces cuando te filman?
-Me pongo una máscara. Y cuando no puedo dormir me quedo a vivir en el baño.
-Aha. Hablar te hace bien, sapo. Ya puedes comunicarte con la locutora de voz aterciopelada e inspirarle piedad y paz a medio mundo de oyentes.
-Peor para mi es el que se droga porque descree del amor. Ayer quise comprarle al boticario un blister de amor y me lo negó: llevaba una receta sin firma. Hasta me dijeron que más sencillo es cultivarlo.
-Yo te puedo asegurar que peor, peor, es tener sesenta años, que te hagan esperar por teléfono, te presentes al aire y después ninguna viuda demuestre mínima curiosidad por vos...
-Qué feo eso eh. Lo pienso ahora, perdón si ofendo a alguien: uno empieza a morirse cuando ya no despierta curiosidad en nadie... suena fuerte ¿no?
-Le pasó a mi abuelo, por eso le cuento. El se deprimió definitivamente cuando supo que las bolsas en los ojos eran irreversibles. Se nota en la voz, se nota mal cuando estás hecha pelota. Así no te va a llamar ninguna viudita, le decía yo pero me sentía patético: era como hablarle a una lata de arvejas.
-¿Y si hablamos de otra cosa? Porque acá es todo como artificial. El recurso técnico, ya sé, la voz humana, pero nunca llegamos al contacto, a lo físico, al acceso carnal.
-Pornografía. ¿Con qué necesidad?
-Ese es un buen punto ¿ves? La técnica, que pareciera una habitación fría en esto que hablamos. Es esencial, sin embargo, casi que iguala a una buena conquista, la técnica, digo, porque es como una base lógica.
-¿Técnica lógica? ¿tecnológica? Eso querés decir y es peligroso, porque suena reduccionista, bah, pienso, en apretar botones unicamente.
-Apretar, pulsar, hay contacto. He conocido personas más frías que la chapa de aluminio que recubría el tablero donde laburaba un tío, hará veinte años de esto.
-Bueno, girar la ruedita, puro movimiento y, de golpe, clac, no hay más voz.


viernes, 18 de abril de 2014

MUCHA MESOPOTAMIA

         Mucha mesopotamia de luna fértil; una puerta entreabierta de cara al sol con el resquicio corto. Nadie habla. Apenas se oye el sonido de la brisa leve, como un samurai. Los hijos convierten  en negocio el amor de sus padres. Los esteros mecen de a poco lineas paralelas: inventos arden en la mente de creadores. Son pocos los que pueden transgredir sin caer. Con canciones es más facil no sentir el frío de la soledad. ¡Cuánto miedo a la soledad! de cara al sol, mucha mesopotamia. Demasiada, tierra, humus sin palidecer. Recreos pintando detrás de un frutal, en tanto dos ríos se entibian. No hay quien llame al amor por capricho, ni por locura. Cada colección se atribuye su propio valor; los cuerpos lagrimean si se tocan, al menor roce son profanados. Hay espejos que no soportan los reflejos tontos, desvaídos, por indecentes hacen agrietar miradas. Por acumular demasiado dinero, un viejo perdió la sensibilidad de sus diez dedos: no se quema al golpear el fuego ni siente dolor al acariciar un filo. Su nieta, que poco tiempo lo quiso de verdad, es adicta al trueque en su intimidad; engrosa su histeria al mirar fijo a los labradores; tiene el tiempo contado para seguir formándose y contradecir el deseo ancestral.
       Cuando cae en el pensamiento de un destino ajeno se estremece, ajena a la mucha mesopotamia que la ampara. Los que aconsejan y presumen de saber muchisimo pueden dar fe del error que sería moverse en diagonal, como alfiles extraños. Los pinares tienen dimensiones inabarcables cada mes que termina; en un potrero, no hay pelota que lo materialice; en mucha mesopotamia es así, no hay cuerpo que sea tal sin una sustancia que lo emulsione. Los mejores momentos son tan fugaces que es imposible retenerlos; memorias del vacío y un regusto a repetido en el paladar que provoca arcadas. Cuando se vive mucho, aún en mucha mesopotamia, como caer en el pensamiento, hasta los labradores no esperan nada de la tierra; hasta las crías se entusiasman con una muerte que los obligue a tomar decisiones. Eso es así, pese a la luna fértil y a la cantidad de mesopotamia que, por no creer, podría caerse tranquilamente de los bolsillos.

lunes, 7 de abril de 2014

EL DIA MAS ABURRIDO


            Pensar que creí haberte conocido el día más aburrido de toda la historia. Ahora leyendo las noticias se que no es así[1].

            Tu tan conmovida con la movida madrileña. Yo tan cansado de esos efectos de sonido. Cuando nos dimos la mano, por primera vez, ya habían pasado treinta años desde 1954. Una señora con apariencia de gitana ofrecía rememorar aquella jornada, un domingo donde juraban no había sucedido nada de nada, trascendente, claro, ningún nacimiento, ninguna muerte relevante. Relevante no, pero por qué no, alguna muerte intrascendente. De esas hay a montones y, rara vez, los propios familiares se enteran, a no ser por el rumor de algún conocido que se puso a buscar asociaciones, luego de ver el obituario, antes de salir a la calle.

            Los que se van muriendo de viejos, desolados por la demencia senil, fantasean con que les roban dinero y reparten culpas hasta a sus hermanos. Están convencidos como si alguien les soplara una delación, en un falso rapto de certeza. Fue seguro una gitana que entretuvo con historias de días que ya nadie recuerda, de verdad, sin estar atacados ni mi chica ni yo pensamos en que antes hubo otro día tan aburrido como el que acordamos para fijar el comienzo de nuestra historia en común. Disonante, parecida al toque de una batería electrónica en una composición artesanal, pero más relevante que cualquier otra.

            A manera de pregones, se agolpaban en los oídos, por conocidos que vagan por las calles después de buscar asociaciones en los diarios: “No piense que lo suyo es lo más banal, siempre hay otro más creativo”, llámese obra, programa radial, columna de opinión. O “Permítase un tiempo para no hacer nada”, de la quietud surgen mejores perspectivas, vea su existencia cual si fuera un lienzo colgado en el Museo de la Radiación. “Vuelva a actividades básicas”, no se crea Superman.

            Eso sí, trate siempre de que haya quien lo espere, sea en el pensamiento o en la materia. Los años pasan demasiado rápido, aún en la miseria.






[1] En su versión impresa, este texto tenía adjunto una noticia breve titulada El día más aburrido del siglo pasado, que daba cuenta de una investigación hecha en Cambridge (en base  a 300 millones de datos puestos en una computadora en el programa True Knowledge) cuyo resultado arrojó que el domingo 11 de abril de 1954 fue el día que sucedieron menos cosas interesantes. Junto a él, la serie de consejos que se reproducen en el anteúltimo párrafo.



domingo, 30 de marzo de 2014

VALLADOLID

   Del padre dijo que tenía la vida hecha con la traducción de canciones de George Brassens. Ella consideraba que algunas cosas se decían con mayor liberté en Francia y, como con una bola de nubes en la voz, sentía placer al evocar algunas melodías. Las que alimentaban el conocimiento eran las que más la excitaban: Chopin podía ser lo mismo, en apariencia, que una cumbia del Loko Quintero, pese a que haya cosas que por más voluntad no puedan salvarse. Poco importa si de verdad o de mentira es la inquietud o cierto aire de susanita que agracia tu delicado modal. Un modal es el que rige la belleza, cuando se la tiene, como una nota afinada antes de conocer los tonos posibles. Ahí no hay nada más vulgar que lo ya visto, aunque con una sonrisa estilo Da Vinci pueda subsanar siempre el desengaño (creo que usted está escribiendo en estado de emoción frustrada).
     La posibilidad del amor sin confort le provoca úlceras que mitiga con píldoras fucsias o con historias de duendes. Cuando sus hermanos le molestan con lo tonta que parece con el pelo suelto no se entristece sino que mira  con orgullo las puntas lacias, llamando sin llamar a la Gran Vía. Se pensó andaluza para molestar con unas castañuelas, con un taconeo molesto pese a la diminutez de sus pies. Aún así, por sus empeines harían fila para ofertar millares de pesetas. Ahora, ya, que la utopía de la moneda común duele más que lo que cura; ahora, ya, que holgazanean los monarcas y se arrodillan para atrás los clérigos eternos. En cuatro escaparates, confundieron la cintura de avispa con un delirio de borracho. Ya, prohibido dormir, que el exceso de sueños malgasta la candidez, despierta en la acería. Vuelcan árboles por el polen nitrogenado en demasía. No hay ajuste que valga para un corazón blandengue que se conmueve con un pírrico guiño de ojos: exención del tesoro de simpatía; nula la emisión de moneda con el rostro sin polvos de un adalid que reencarnó en tu jardín. Un duende o el gorrión fucsia que combina con tu mata angustias.
     Pero como puede ser si comencé hablando de música que me haya derivado en prospectos y obsesiones de un boticario decadente. Si las buenas intenciones con las que camuflas tus pulsiones son irreales, menos versatil que un cagatinta en la puerta de Alcalá. De tu madre es la culpa, de reparto como está en un Congreso de vaya a saber en homenaje a quién y en qué ciudad turística. Por ella son tan demostrativa cuando querés y tan excesivamente austera cuando sentís peligrar tu especie. ¡Ay, Valladolid!, cuaántos recuerdos tendrás de los ancestros que jamás conocereís, ni en postales, pero los crees iguales porque son un escape al viejo continente., donde hay mayor liberté, verdadera finesse, portales más limpios que la luna. Oda a la dama adamascada que me miró con un ojo solo.





MENTES SOSPECHOSAS



   "Ricording a trap". Ri-cor-din-a-trap-p.
   Hubo un tiempo en el que estuve muerto por vos, tanto que si hubieras sido una actriz podría empapelar con notas la casa donde vivo (o vivía mejor dicho, porque ya me fuí de ahí y vos ya no me volvés loco y nunca actuaste en escenarios). De verdad que enloquecía con poco: tu forma de vestir o verte ríendo con otro. En algún momento tenía que irse ese capricho de mi mente y, por suerte, se fue, de un día para otro. Hace un tiempo ya.
     Ahora puedo comer chocolate solo, sin culpa, tampoco tengo ya la obligación de agradar a amigos ajenos. Aún imito a Elvis después de la ducha, pero ya no busco una sonrisa o aullido histérico en tu platea-cama; amplié el repertorio de prohombres de la canción, quiero componer canciones como ellos y ponerle una musiquita suave pero fuerte. Exaltar sentimientos, describir el entorno; ayer necesitábamos  de los cuerpos como si fueran esponjas, hoy con fotos digitales sale el ensayo de la vida feliz: familia, vacaciones, autos, sastrería, home theather y de qué modo podría etiquetarse el pedacito de existencia compartida. ¡Ojo! no cualquier se da con cualquiera, que somos millones en el mundo, en el continente y en el país. Lógica pura. Que no dejan de aparecer fulanos con título, haciendo fuck you por teve o enrolados en cualquier causa solidaria, por no decir, encarcelados, en terapias intensivas o pasados de drogas legales. Millares de desilusiones reales o virtuales, algo que puede estar administrando un dios de escritorio, sin barba y más joven que el pan industrial, que sabe todo porque ve conversaciones y charlas, incluso del tiempo en que estuve muerto por vos, con nuestros mejores perfiles, las pupilas bien dilatadas y una tonteria tras otra. Estuve tan muerto que antes ni lo sospechaba.

     "We're caught in a trap".  Ri-cor-din-a-trap-p.
     A veces cuesta dimensionar lo que fuímos capaces de hacer, de qué modo una extremidad del caracter se estira como queriendo independizarse. La extremidad es nuestro talante, adornar con flores mojadas una dulce amistad con figura de panal. Si fui egocéntrico por irme antes de las fiestas dolosas que tanto te incitaban al espejo; si fuí, porque estaba muerto por vos, era demasiado y para qué competir con la propia cábala de no querer dejarte sola. La cábala, hastío, consistía en forzar una necesidad mutua: compartir un espacio común, por horas, para ver en qué grado nos necesitábamos. Una idiotez. Y, estaba muerto, estaba como en Memphis pero en Tolosa, más cerca de las vías del tren que de un frasco de pastillas. Es así: cuando se está muerto por alguien ( y eso que todavía no hablé de la peor es nada en cuestión. Quizás porque compulsivamente adopto un estúpido tono de poeta, muerto también en su inventiva, que se emperra en destacar un rictus hondo a lo Da Vinci, una cabellera negra arada siempre medida al compás de la voz mansa, que podía aullar si de hacerse oir se trataba) no hay señal más evidente que las más notorias y, por ende, las menos creíbles. ¡Verosimilitud! elemental Watson: y uno tan muerto que pretende cerrar los ojos con un solo pie. Qué chasco. Parece mentira la sal que se derrama en vano cuando no se llega a ser una babosa: bicho noble que, al menos, jamás sintió amor.

      "We can't go on together with suspichos maind".
      Estarse muerto es como no darse cuenta de lo evidente, ver pasar gaviotas delante de los ojos creyendo que son boomerangs pequeños. Alguien tiene que avisar: no dara para más, the dream is over, ya no es lo que era, algo de ustedes se escapa. Pero no es así: hay que activar un noveno sentido, el del abandono, que activa de inmediato los recuerdos más atroces, como los de la primera vista, aunque tamizados por el contrapeso desleal del idilio venido a menos. Cómo eran, entonces, esas sospechas...

      "When jonny, you nou i've never lid to you. Yeah"
       Había algo parecido a un metrónomo que se rompió en la relación. Clac, clac, clac, silencio. Cuando los sonidos son iguales, noche y día, parece que van a durar por inercia, hasta que sin razón se silencian. O con la peor de las razones: la que no tiene explicación, la evidente y tonta. Sonaba todo tan igual (monocorde, eso) que no había daño si dejaba simplemente de sonar. Eso pasó, de muerto que nada variaba si seguía estándolo, excepto claro el motivo: de estarlo por alguien (idiota, tal vez), clac, a pervivir sin nadie.


viernes, 21 de marzo de 2014

CORRESPONDENCIA II


QUERIDA MERCE:

            Aunque no me vayas a creer había pensado en escribirte. En volver a escribirte, estarás pensando. Sí: volver a escribirte, así como te gusta a vos que lo haga, aunque no pueda prometerte demasiado. No es que no quiera hacerlo ni que me sea más facil hacerlo de otro modo, que pueden pasar veinte años y recién voy a saber contestarle a Claudio con todas las letras, para ver si viene a comer o no. Parece que se peleó definitivamente con Ana. Siempre pensé que no le convenía, pero no te voy a hablar de eso porque imagino tu gozo. Así, como vos decís que me tira lo fifi, yo se bien que a vos te tira que el Claudio sufra por vaya a saber que rencor que preferí olvidar. la cuestión es que con el celular él puede avisarme tranquilo y contar conmigo, más de lo que pueda disponer del aparatito.

            Disculpame si me disperso. Pero, de verdad, no se donde quedaron las ganas locas que tenía antes de escribirte. Y me ponía dale que dale con la máquina que para mi era una ceremonia. No sé. Serán que las manos ya no son las mismas tampoco. Ayer, de hecho, me vi torpe lavando un mísero plato, dandole vueltas como si fuera una bailarina en el Colón. Y fatigada, muy fatigada de los ojos, por eso es que se me van partes de la novela y eso sí me da mucha bronca. Ya no se si es el señor que escribe que hace la cosa más comercial y es un asco o soy yo la que entiende mal. No creo que el señor eche a perder una trayectoria por un punto más de rating, como dicen en la radio. Ya una vez le pasó, no se si te acordas Merce, cuando se peleó con Romay porque le cambió de horario y le pedia guarangadas. Esa sí que era linda. Lástima que al final duró poco. No se si te acordas que estaba filmada en San Luis, hermoso, no me acuerdo el nombre del actor pero hacía de guerrillero que volvía al país después de haberse exilado y encuentra cualquier cosa en la ciudad. Por eso se iba a un pueblo y ahi se enamoraba de la hija de un juez poderoso al que habia secuestrado en el pasado. No creo que te acuerdes. Duró muy poco, como te digo. Menos mal porque sino iba a ser cualquier cosa. No, si es como vos decís que ya no hay quien escriba como este hombre...

            Merce: se que te vas a enojar, pero me voy a ir a acostar. Prefiero enviarte esto ahora y no dejar el papel ahi, que va a pasar el tiempo y es peor. Igual, vos segui mandando cartas que las leo siempre. Ademas lo haces muy bien y es terapeutico. Te hace bien, en todo sentido. Si querés, y con esto no te sientas condicionada, la próxima contame alguna historia que sea dificil de recordar, como la que te mencioné yo. No hagas trampas. Que sea una que podría o que haya visto y me haya gustado. No salgas con una mexicana o con una venezolana, de esas que ya no se hacen más. ¿Te parece? sino no importa, escribime lo que quieras y contame mucho de vos.

            Un beso grande y espero no te enojes. Tiki.



miércoles, 19 de marzo de 2014

CORRESPONDENCIA I


(La correspondencia entre la Sra. Mercedes Gonzalez “Merce” y la Sra. Zulema Di Pietro “Tiki” fue hallada dentro de una pequeña caja celeste ubicada a los pies de la cama de “Merce”, junto a facturas y otros documentos de diversa procedencia)

Querida Tiki:

                        Te escribo para que me digas si estás siguiendo la novela. Hace una semana llegó mi nuera de Mendoza y sólo alcanzo a ver partes de capítulos, cuando no el final. ¡Me quiero matar! justo ahora parece que él se está avivando y se da cuenta lo mosquita muerta que es ella. Pero, por eso, no quiero aventurar demasiado porque por ahí no es tan así y me hago ilusiones al pepe. Es que este hombre es un maestro como escribe, te hace creer  que este Pardino es malo, malo, y hace dos años hacía de un buenudo insoportable. Ahí por más que actúe Alcón tiene que haber buen texto, que le dicen, una buena mano atrás vos sabés de que te hablo si somos casi gemelas en esto, aunque a vos te tiren más los galanes maduros, como ese que enamoraba  a la tere y le cantaba valsecitos en la ligustrina, día y noche, como si el resto de los vecinos no le fueran a tirar con agua caliente. Los galanes maduros y las señoras bien, porque te conozco mirá a vos Tiki eh y esa especie de gusto por lo fifí se te nota en la cara cada vez que nos vemos o en la voz las veces que podemos hablar por teléfono. Ahora ya casi nunca, claro, desde que el insensible de tu hijo te conevenció de sacarte la línea y encajarte ese aparatito. Más barato, más barato, pero me querés decir ¿qué cazzo haces con un celular vos? que te tengo que escribir, no sólo porque me encanta, sino porque consentiste ese despojo en tu propia casa. Está bien, sí, no soy yo la indicada para hablar de tu hijo y el modo en que administra los gastos de su madre, ya renegamos bastante sobre eso, dejémoslo así entonces y espero sepas contestarle a esta gemela que comparte el placer del teleteatro. Ah, claro, estaba en que a vos siempre te tiró lo fifí, la cosa de palacios, mayordomos con moñito, manteles de encaje larguísimos, mucha mucha escalera, ¡arañas!, cristales, todo eso, no me lo podés negar y está bien: es como un modo que tenés para inventarte otra realidad, claro que una generalmente se queda con eso, con el lujo, el material, pero viste también como sufren esas cristianas, no hay doble apellido que valga cuando sentís esa cosa acá que te tira como un anzuelo, que parece que te va a llevar puesta y nadie, pero nadie, ninguno de estos sabios, ni estos chantapufis que la juntan hablando pestes de las madres, nadie pudo explicarlo. Decí que este hombre cuando escribe, escribe, no se pone pesado ni dificil, pone la palabra justa, hace que los actores digan lo que tiene que decir, con respeto, educación... ay, no sabés como se puso Susana hace unos meses cuando escuchó a este Pardino decir una mala palabra, una eh, pero claro si el hombre estaba desesperado qué querés que diga, buñuelos... tampoco es para tanto aunque reconozco que fue fuerte oirlo decir eso pero no se puede ser como Susana, no, que de ahí no prendió más el televisor; ella dice que fue porque justo estaba con el nietito y se puso toda roja, pero escuchame vos si justo justo va a estar a las diez de la noche con ella... que se yo, siempre me pareció una exagerada, ahora hace rato que se la da de Juan Pablo II con esa otra mujer que la acompaña a todos lados. La gente cambia, viste Tiki, nosotras también por supuesto, pero hay algunas que parecen que lo hacen a propósito.
                        Bueno Tiki, no te molesto más. Respondeme al menos para decirme si la seguis viendo. No vaya a ser que ahora estés hipermoderna y también se te haya dado por la computadora. A mí, querida, puño y letra, aunque sea dos líneas de morondanga, viste, no seas mala, no te sientas comprometida ni intimidada tampoco, eh. Un beso y saludos a los tuyos.
                                               Merce.



martes, 11 de marzo de 2014

PIANO (I)

LOS REGALOS DE NUESTRA RELACIÓN 

Un libro, una manta, otra caja de te importado
la razón que juntaba dos vidas, ayer nomás
cuando todo era nada, en principìo, el amor (Génesis).
Ante la mujer bonita, el resto es literatura dicen,
no queda en el ambiente más que reconquista.
O si siempre la mejor mujer se va con otro peor,
quedará el resquemor, esoterismo de la porfía
como aquellos regalos que el agua moja, divide
torna quebradizos y rugosos, por arte molecular (divino arte)
Y ya no quiero entreverarme en cuestión de mejor o peor,
si es tan solo un regalo, en principio, la nada (el amor).


martes, 25 de febrero de 2014

ODA A OLIVIA


                Me río porque son como dos corazones los carreteles de tinta en el pecho de la Olivetti. Recién la abrí para poder verla con franqueza, saber si le falta y si me falta algo: suavidad en las yemas de los dedos, claridad en los ojos que observan las líneas, por ejemplo. Porque hoy no seré el que llore cuando pase la tormenta eléctrica, cada vez más acuosa y potente; hoy seré el que envidie tus dos corazones, a pesar de intuir una piedra en el sistema coronario cada vez que me palpo.
                Tu voz doctoral no sabe de tornillos ni de poleas. ¡Si sos como una máquina sensible de alfabeto y piernas finitas! Jamás pulsaré con ansía el botón rojo que expulsa la página en dirección opuesta ni aunque desangren los modos altaneros que supe tener. Ahora, bastan las puntillas imaginarias en tus teclas cuadradas, que amenazan triturar dedos que resbalan entre una “y” y una “u”, con la “h” muda como satélite torpe.
                Tenés una capacidad noble de hacerme sentir lleno en la más completa soledad, encima que te prepoteo para fingirme fuerte en la más espantosa debilidad. Carne en suspenso, adentro de un cuerpo fofo mientras tamborileo en tu caparazón verde. Verde y negra 32, con tu ruido de rumba militar que jode al vecino en su insomnio de televisión y ve como un día de estos te rescato de una comisaría, a la que te mandaron por lujuriosa los años donde te cambié por un ordenador. Salvada, entonces, previa odisea, de un destino de contravenciones y denuncias abreviadas.
                Lo tuyo es la imaginería en los ratos libres; el vacío que te rodea en la mesa de madera, con una alcancía y un velador de referentes únicos en los vértices. Si hasta cuando estoy más desorientado que una armónica en una orquesta típica recurro a ti. Ejemplar noble: pudiste perdonar, sin pretensión de favor; pudiste olvidar, sin pretensión de paz; pudiste actuar, sin pretensión de culpa.
                Será por eso (y por otras cosas más) que te estimo tanto y regreso a estrujarte en el pecho, cada vez con más fuerza, como si fueras una bolsa de amor, liviana y hermosa.