Pensar
que creí haberte conocido el día más aburrido de toda la historia. Ahora
leyendo las noticias se que no es así[1].
Tu
tan conmovida con la movida madrileña. Yo tan cansado de esos efectos de
sonido. Cuando nos dimos la mano, por primera vez, ya habían pasado treinta
años desde 1954. Una señora con apariencia de gitana ofrecía rememorar aquella
jornada, un domingo donde juraban no había sucedido nada de nada, trascendente,
claro, ningún nacimiento, ninguna muerte relevante. Relevante no, pero por qué
no, alguna muerte intrascendente. De esas hay a montones y, rara vez, los
propios familiares se enteran, a no ser por el rumor de algún conocido que se
puso a buscar asociaciones, luego de ver el obituario, antes de salir a la
calle.
Los
que se van muriendo de viejos, desolados por la demencia senil, fantasean con
que les roban dinero y reparten culpas hasta a sus hermanos. Están convencidos
como si alguien les soplara una delación, en un falso rapto de certeza. Fue
seguro una gitana que entretuvo con historias de días que ya nadie recuerda, de
verdad, sin estar atacados ni mi chica ni yo pensamos en que antes hubo otro día
tan aburrido como el que acordamos para fijar el comienzo de nuestra historia
en común. Disonante, parecida al toque de una batería electrónica en una
composición artesanal, pero más relevante que cualquier otra.
A
manera de pregones, se agolpaban en los oídos, por conocidos que vagan por las
calles después de buscar asociaciones en los diarios: “No piense que lo suyo es
lo más banal, siempre hay otro más creativo”, llámese obra, programa radial,
columna de opinión. O “Permítase un tiempo para no hacer nada”, de la quietud
surgen mejores perspectivas, vea su existencia cual si fuera un lienzo colgado
en el Museo de la Radiación.
“Vuelva a actividades básicas”, no se crea Superman.
Eso
sí, trate siempre de que haya quien lo espere, sea en el pensamiento o en la
materia. Los años pasan demasiado rápido, aún en la miseria.
[1] En su versión impresa, este texto tenía adjunto una noticia breve titulada El día más aburrido del siglo pasado, que daba cuenta de una
investigación hecha en Cambridge (en base
a 300 millones de datos puestos en una computadora en el programa True Knowledge) cuyo resultado arrojó
que el domingo 11 de abril de 1954 fue el día que sucedieron menos cosas
interesantes. Junto a él, la serie de consejos que se reproducen en el anteúltimo párrafo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario