lunes, 7 de abril de 2014

EL DIA MAS ABURRIDO


            Pensar que creí haberte conocido el día más aburrido de toda la historia. Ahora leyendo las noticias se que no es así[1].

            Tu tan conmovida con la movida madrileña. Yo tan cansado de esos efectos de sonido. Cuando nos dimos la mano, por primera vez, ya habían pasado treinta años desde 1954. Una señora con apariencia de gitana ofrecía rememorar aquella jornada, un domingo donde juraban no había sucedido nada de nada, trascendente, claro, ningún nacimiento, ninguna muerte relevante. Relevante no, pero por qué no, alguna muerte intrascendente. De esas hay a montones y, rara vez, los propios familiares se enteran, a no ser por el rumor de algún conocido que se puso a buscar asociaciones, luego de ver el obituario, antes de salir a la calle.

            Los que se van muriendo de viejos, desolados por la demencia senil, fantasean con que les roban dinero y reparten culpas hasta a sus hermanos. Están convencidos como si alguien les soplara una delación, en un falso rapto de certeza. Fue seguro una gitana que entretuvo con historias de días que ya nadie recuerda, de verdad, sin estar atacados ni mi chica ni yo pensamos en que antes hubo otro día tan aburrido como el que acordamos para fijar el comienzo de nuestra historia en común. Disonante, parecida al toque de una batería electrónica en una composición artesanal, pero más relevante que cualquier otra.

            A manera de pregones, se agolpaban en los oídos, por conocidos que vagan por las calles después de buscar asociaciones en los diarios: “No piense que lo suyo es lo más banal, siempre hay otro más creativo”, llámese obra, programa radial, columna de opinión. O “Permítase un tiempo para no hacer nada”, de la quietud surgen mejores perspectivas, vea su existencia cual si fuera un lienzo colgado en el Museo de la Radiación. “Vuelva a actividades básicas”, no se crea Superman.

            Eso sí, trate siempre de que haya quien lo espere, sea en el pensamiento o en la materia. Los años pasan demasiado rápido, aún en la miseria.






[1] En su versión impresa, este texto tenía adjunto una noticia breve titulada El día más aburrido del siglo pasado, que daba cuenta de una investigación hecha en Cambridge (en base  a 300 millones de datos puestos en una computadora en el programa True Knowledge) cuyo resultado arrojó que el domingo 11 de abril de 1954 fue el día que sucedieron menos cosas interesantes. Junto a él, la serie de consejos que se reproducen en el anteúltimo párrafo.



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