Mirko se sacó de golpe, le dio como un golpe de electricidad y dijo moviendo apenas los labios:
-O te agarro de los pelos hasta verte sangrar o te hago un tajo en el abdomen, una de dos.
A lo que Frida, la misma que tenía una dulce forma achinada de verlo, no pudo contener la carcajada, estentórea en la casa nido que había alquilado hacía tres meses.
Después cuando notó que seguía serio pensó en preocuparse, pero se fue a duchar y lo dejó parado ahí, haciéndose el recio, el homicida latente que no sopla botellas para conservar la capacidad aeróbica de los pulmones.