(A continuación se presentará, de forma exclusiva, un extracto de la obra inconclusa que el Arcipreste de Bucarest escribió aproximadamente en el año 1706. Su título: “Ademanes, mohines, gestos y demás expresiones corporales de los seres humanos... intento de una antología sobre estos registros".
Se intuye que para su realización fue de mucha ayuda la noble Tita de Moravia, con quien según los registros de época el Arciprestre mantenía una relación clandestina.
Para el segundo semestre de 2008 se estimaba que, finalmente, saliera a la luz este trabajo gracias a la labor realizada por el filólogo uruguayo Baldomero Quintana. Él dedicó toda su vida a corregir, aumentar y actualizar el inventario plasmado hace ya mas de dos siglos -de hecho no hay quien descarta que el mismísimo Quintana sea el Arcipreste-
Esta selección arbitraria da cuenta de dos de los mohines descriptos en la ambiciosa obra)
Se intuye que para su realización fue de mucha ayuda la noble Tita de Moravia, con quien según los registros de época el Arciprestre mantenía una relación clandestina.
Para el segundo semestre de 2008 se estimaba que, finalmente, saliera a la luz este trabajo gracias a la labor realizada por el filólogo uruguayo Baldomero Quintana. Él dedicó toda su vida a corregir, aumentar y actualizar el inventario plasmado hace ya mas de dos siglos -de hecho no hay quien descarta que el mismísimo Quintana sea el Arcipreste-
Esta selección arbitraria da cuenta de dos de los mohines descriptos en la ambiciosa obra)
- Fruncir la nariz de manera no extravagante, haciendo que el ceño se comprima por los instantes en que dura esa disimulada ascensión del órgano nasal.
Las significancias de este mohín son diversas. Pueden implicar desde la inminencia de un estornudo irrespetuoso, hasta desagrado ante la corroboración de una sustancia odorífera repulsiva. También puede servir de acompañante a los ojos, correspondiéndose a un segundo plano de mohín que se especifica en las páginas correspondientes a la mirada.
- Morder el labio inferior y estirar la pera hacía adelante, logrando que lo más prognato de nuestro ser (ver Darwin, Charles) simule cierta aureola de apetencia o curiosidad.
Entendemos eso como algunos de los significados posibles, más que nada reñidos con lo explícito, dándole lugar a un interrogante factible, un pasaporte sensual, una expresión de gusto, o de deseo (desearía ser eso, o tener eso).
Además, debe considerarse que este mohín tiende a ser de escasa duración y con tendencia a repetirse.