(Una de las obras monumentales con las que acometió en sus ratos libres Pedro Diestra fue Teoría universal de los sentimientos.
Esta obra fue el fruto de la incapacidad que hasta entonces tenía Diestra para enamorarse. Fue entonces que, desesperado, escribió lo que tuvo pretensiones de ser un intento racional de explicar "aquello que mueve a dos individuos a entablar la más íntima de las relaciones" según sus propias palabras. La obra presentaba toques antropologicos, no pocas pretensiones filosofícas y un sin fín de observaciones.
Logicamente quedó inconclusa, como tantos otros proyectos del escritor nacido en Balvanera.
Del corpus original quedaron inventarios y descripciones puntillosas hechas a lo largo de ocho meses en distintos ámbitos sociales, como ser salidas de escuelas o cocteles lujosos. De allí se extrae el frío ejercicio que prosigue, cerrado con una conclusión apresurada e innecesaria.
“Frío, apurado e innecesario” fueron tres de los adjetivos que usaron los pocos críticos que leyeron fragmentos del corpus de aproximadamente 2500 folios.
Sobre Diestra vale decir que, según fuentes allegadas, hasta el día de su muerte no le quedó otra que creerse enamorado siendo, al menos, cuatro las veces que lo creyó de veras)
-El conversa aburrido. Sostiene una copa en su mano izquierda.
-Ella entra por primera vez y recorre el lugar con su mirada.
-El desvía sus ojos y la encuentra, lejana.
-Ella lo ve, atraída en el acto.
-El mantiene su mirada en ella, olvidándose de la conversación.
-Ella le responde al anfitrión, sin perder de vista esos ojos que la interpelan.
-El no tiene duda de que ella lo miró.
-Ella no tiene duda de que él la miró.
-El cree que ella es preciosa como un rubí.
-Ella se ruboriza como una esmeralda.
-El esboza una sonrisa incontenible en sus labios.
-Ella mira hacía un costado, como perdida, pero regresa.
-El bebe un trago corto de su copa.
-Ella se ríe con ganas por primera vez en la noche.
-El le corresponde con ánimo.
-Ella se muerde su labio inferior.
-El cierra los ojos con fuerza, como imaginando algo.
-Ella musita algo que él no llega a entender.
-El levanta las cejas y achina los parpados denotando incomprensión.
-Ella se vuelve a reír, ahora con más énfasis.
-El sólo sonríe.
-Ella se acaricia el pelo y amaga con irse.
-El recuerda que forma parte de una conversación y se disculpa.
-Ella sonríe y comienza a retirarse.
-El intenta acercarse a pesar de sus partenaires.
-Ella ensaya un saludo desganado con su mano derecha extendida.
-El no la pierde de vista e intenta llegar hacía ella, previa disculpa.
-Ella le da la espalda y se aleja con pasos medidos.
-El se detiene y desanda sus pasos tímidos.
-Ella sigue caminando.
-El gira tres cuartos de su cuerpo para retornar a su lugar de oyente.
-Ella se da vuelta apenas y sonríe sobre su hombro.
-El se da vuelta apenas y sonríe sobre su hombro.
-Ella vuelve a girar y se aleja definitivamente.
-El regresa defiitivamente y convierte en entretenida la conversación.
Conclusión del narrador: El amor, en ocasiones, no es como lo pensamos.
Logicamente quedó inconclusa, como tantos otros proyectos del escritor nacido en Balvanera.
Del corpus original quedaron inventarios y descripciones puntillosas hechas a lo largo de ocho meses en distintos ámbitos sociales, como ser salidas de escuelas o cocteles lujosos. De allí se extrae el frío ejercicio que prosigue, cerrado con una conclusión apresurada e innecesaria.
“Frío, apurado e innecesario” fueron tres de los adjetivos que usaron los pocos críticos que leyeron fragmentos del corpus de aproximadamente 2500 folios.
Sobre Diestra vale decir que, según fuentes allegadas, hasta el día de su muerte no le quedó otra que creerse enamorado siendo, al menos, cuatro las veces que lo creyó de veras)
-El conversa aburrido. Sostiene una copa en su mano izquierda.
-Ella entra por primera vez y recorre el lugar con su mirada.
-El desvía sus ojos y la encuentra, lejana.
-Ella lo ve, atraída en el acto.
-El mantiene su mirada en ella, olvidándose de la conversación.
-Ella le responde al anfitrión, sin perder de vista esos ojos que la interpelan.
-El no tiene duda de que ella lo miró.
-Ella no tiene duda de que él la miró.
-El cree que ella es preciosa como un rubí.
-Ella se ruboriza como una esmeralda.
-El esboza una sonrisa incontenible en sus labios.
-Ella mira hacía un costado, como perdida, pero regresa.
-El bebe un trago corto de su copa.
-Ella se ríe con ganas por primera vez en la noche.
-El le corresponde con ánimo.
-Ella se muerde su labio inferior.
-El cierra los ojos con fuerza, como imaginando algo.
-Ella musita algo que él no llega a entender.
-El levanta las cejas y achina los parpados denotando incomprensión.
-Ella se vuelve a reír, ahora con más énfasis.
-El sólo sonríe.
-Ella se acaricia el pelo y amaga con irse.
-El recuerda que forma parte de una conversación y se disculpa.
-Ella sonríe y comienza a retirarse.
-El intenta acercarse a pesar de sus partenaires.
-Ella ensaya un saludo desganado con su mano derecha extendida.
-El no la pierde de vista e intenta llegar hacía ella, previa disculpa.
-Ella le da la espalda y se aleja con pasos medidos.
-El se detiene y desanda sus pasos tímidos.
-Ella sigue caminando.
-El gira tres cuartos de su cuerpo para retornar a su lugar de oyente.
-Ella se da vuelta apenas y sonríe sobre su hombro.
-El se da vuelta apenas y sonríe sobre su hombro.
-Ella vuelve a girar y se aleja definitivamente.
-El regresa defiitivamente y convierte en entretenida la conversación.
Conclusión del narrador: El amor, en ocasiones, no es como lo pensamos.
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