lunes, 28 de abril de 2014

LA RUINA (Radio IV)

-La ruina es girar la ruedita del dial por enésima vez sin encontrar algo que nos motive. Habla, sapo, habla, aquí estoy para escucharte. De yapa, si me dices tu fecha de nacimiento te asevero cual es tu mayor tormento.
-¿Qué sigo teniéndole miedo a las tormentas? ¿Qué tengo problemas para caerle simpático a la gente? Que me duele sonreír o que
-¿Y qué haces cuando te filman?
-Me pongo una máscara. Y cuando no puedo dormir me quedo a vivir en el baño.
-Aha. Hablar te hace bien, sapo. Ya puedes comunicarte con la locutora de voz aterciopelada e inspirarle piedad y paz a medio mundo de oyentes.
-Peor para mi es el que se droga porque descree del amor. Ayer quise comprarle al boticario un blister de amor y me lo negó: llevaba una receta sin firma. Hasta me dijeron que más sencillo es cultivarlo.
-Yo te puedo asegurar que peor, peor, es tener sesenta años, que te hagan esperar por teléfono, te presentes al aire y después ninguna viuda demuestre mínima curiosidad por vos...
-Qué feo eso eh. Lo pienso ahora, perdón si ofendo a alguien: uno empieza a morirse cuando ya no despierta curiosidad en nadie... suena fuerte ¿no?
-Le pasó a mi abuelo, por eso le cuento. El se deprimió definitivamente cuando supo que las bolsas en los ojos eran irreversibles. Se nota en la voz, se nota mal cuando estás hecha pelota. Así no te va a llamar ninguna viudita, le decía yo pero me sentía patético: era como hablarle a una lata de arvejas.
-¿Y si hablamos de otra cosa? Porque acá es todo como artificial. El recurso técnico, ya sé, la voz humana, pero nunca llegamos al contacto, a lo físico, al acceso carnal.
-Pornografía. ¿Con qué necesidad?
-Ese es un buen punto ¿ves? La técnica, que pareciera una habitación fría en esto que hablamos. Es esencial, sin embargo, casi que iguala a una buena conquista, la técnica, digo, porque es como una base lógica.
-¿Técnica lógica? ¿tecnológica? Eso querés decir y es peligroso, porque suena reduccionista, bah, pienso, en apretar botones unicamente.
-Apretar, pulsar, hay contacto. He conocido personas más frías que la chapa de aluminio que recubría el tablero donde laburaba un tío, hará veinte años de esto.
-Bueno, girar la ruedita, puro movimiento y, de golpe, clac, no hay más voz.


viernes, 18 de abril de 2014

MUCHA MESOPOTAMIA

         Mucha mesopotamia de luna fértil; una puerta entreabierta de cara al sol con el resquicio corto. Nadie habla. Apenas se oye el sonido de la brisa leve, como un samurai. Los hijos convierten  en negocio el amor de sus padres. Los esteros mecen de a poco lineas paralelas: inventos arden en la mente de creadores. Son pocos los que pueden transgredir sin caer. Con canciones es más facil no sentir el frío de la soledad. ¡Cuánto miedo a la soledad! de cara al sol, mucha mesopotamia. Demasiada, tierra, humus sin palidecer. Recreos pintando detrás de un frutal, en tanto dos ríos se entibian. No hay quien llame al amor por capricho, ni por locura. Cada colección se atribuye su propio valor; los cuerpos lagrimean si se tocan, al menor roce son profanados. Hay espejos que no soportan los reflejos tontos, desvaídos, por indecentes hacen agrietar miradas. Por acumular demasiado dinero, un viejo perdió la sensibilidad de sus diez dedos: no se quema al golpear el fuego ni siente dolor al acariciar un filo. Su nieta, que poco tiempo lo quiso de verdad, es adicta al trueque en su intimidad; engrosa su histeria al mirar fijo a los labradores; tiene el tiempo contado para seguir formándose y contradecir el deseo ancestral.
       Cuando cae en el pensamiento de un destino ajeno se estremece, ajena a la mucha mesopotamia que la ampara. Los que aconsejan y presumen de saber muchisimo pueden dar fe del error que sería moverse en diagonal, como alfiles extraños. Los pinares tienen dimensiones inabarcables cada mes que termina; en un potrero, no hay pelota que lo materialice; en mucha mesopotamia es así, no hay cuerpo que sea tal sin una sustancia que lo emulsione. Los mejores momentos son tan fugaces que es imposible retenerlos; memorias del vacío y un regusto a repetido en el paladar que provoca arcadas. Cuando se vive mucho, aún en mucha mesopotamia, como caer en el pensamiento, hasta los labradores no esperan nada de la tierra; hasta las crías se entusiasman con una muerte que los obligue a tomar decisiones. Eso es así, pese a la luna fértil y a la cantidad de mesopotamia que, por no creer, podría caerse tranquilamente de los bolsillos.

lunes, 7 de abril de 2014

EL DIA MAS ABURRIDO


            Pensar que creí haberte conocido el día más aburrido de toda la historia. Ahora leyendo las noticias se que no es así[1].

            Tu tan conmovida con la movida madrileña. Yo tan cansado de esos efectos de sonido. Cuando nos dimos la mano, por primera vez, ya habían pasado treinta años desde 1954. Una señora con apariencia de gitana ofrecía rememorar aquella jornada, un domingo donde juraban no había sucedido nada de nada, trascendente, claro, ningún nacimiento, ninguna muerte relevante. Relevante no, pero por qué no, alguna muerte intrascendente. De esas hay a montones y, rara vez, los propios familiares se enteran, a no ser por el rumor de algún conocido que se puso a buscar asociaciones, luego de ver el obituario, antes de salir a la calle.

            Los que se van muriendo de viejos, desolados por la demencia senil, fantasean con que les roban dinero y reparten culpas hasta a sus hermanos. Están convencidos como si alguien les soplara una delación, en un falso rapto de certeza. Fue seguro una gitana que entretuvo con historias de días que ya nadie recuerda, de verdad, sin estar atacados ni mi chica ni yo pensamos en que antes hubo otro día tan aburrido como el que acordamos para fijar el comienzo de nuestra historia en común. Disonante, parecida al toque de una batería electrónica en una composición artesanal, pero más relevante que cualquier otra.

            A manera de pregones, se agolpaban en los oídos, por conocidos que vagan por las calles después de buscar asociaciones en los diarios: “No piense que lo suyo es lo más banal, siempre hay otro más creativo”, llámese obra, programa radial, columna de opinión. O “Permítase un tiempo para no hacer nada”, de la quietud surgen mejores perspectivas, vea su existencia cual si fuera un lienzo colgado en el Museo de la Radiación. “Vuelva a actividades básicas”, no se crea Superman.

            Eso sí, trate siempre de que haya quien lo espere, sea en el pensamiento o en la materia. Los años pasan demasiado rápido, aún en la miseria.






[1] En su versión impresa, este texto tenía adjunto una noticia breve titulada El día más aburrido del siglo pasado, que daba cuenta de una investigación hecha en Cambridge (en base  a 300 millones de datos puestos en una computadora en el programa True Knowledge) cuyo resultado arrojó que el domingo 11 de abril de 1954 fue el día que sucedieron menos cosas interesantes. Junto a él, la serie de consejos que se reproducen en el anteúltimo párrafo.