Mucha mesopotamia de luna fértil; una puerta entreabierta de cara al sol con el resquicio corto. Nadie habla. Apenas se oye el sonido de la brisa leve, como un samurai. Los hijos convierten en negocio el amor de sus padres. Los esteros mecen de a poco lineas paralelas: inventos arden en la mente de creadores. Son pocos los que pueden transgredir sin caer. Con canciones es más facil no sentir el frío de la soledad. ¡Cuánto miedo a la soledad! de cara al sol, mucha mesopotamia. Demasiada, tierra, humus sin palidecer. Recreos pintando detrás de un frutal, en tanto dos ríos se entibian. No hay quien llame al amor por capricho, ni por locura. Cada colección se atribuye su propio valor; los cuerpos lagrimean si se tocan, al menor roce son profanados. Hay espejos que no soportan los reflejos tontos, desvaídos, por indecentes hacen agrietar miradas. Por acumular demasiado dinero, un viejo perdió la sensibilidad de sus diez dedos: no se quema al golpear el fuego ni siente dolor al acariciar un filo. Su nieta, que poco tiempo lo quiso de verdad, es adicta al trueque en su intimidad; engrosa su histeria al mirar fijo a los labradores; tiene el tiempo contado para seguir formándose y contradecir el deseo ancestral.
Cuando cae en el pensamiento de un destino ajeno se estremece, ajena a la mucha mesopotamia que la ampara. Los que aconsejan y presumen de saber muchisimo pueden dar fe del error que sería moverse en diagonal, como alfiles extraños. Los pinares tienen dimensiones inabarcables cada mes que termina; en un potrero, no hay pelota que lo materialice; en mucha mesopotamia es así, no hay cuerpo que sea tal sin una sustancia que lo emulsione. Los mejores momentos son tan fugaces que es imposible retenerlos; memorias del vacío y un regusto a repetido en el paladar que provoca arcadas. Cuando se vive mucho, aún en mucha mesopotamia, como caer en el pensamiento, hasta los labradores no esperan nada de la tierra; hasta las crías se entusiasman con una muerte que los obligue a tomar decisiones. Eso es así, pese a la luna fértil y a la cantidad de mesopotamia que, por no creer, podría caerse tranquilamente de los bolsillos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario