jueves, 29 de enero de 2015

A1 - DE CÓMO CONVERTI LOS RUIDOS EN MUSICA (MUSICA)



            “La felicidad es poder convertir los ruidos de nuestra vida en música”
                                                                                              Raví Lucanor (1543)

A cualquier hora los ruidos sorprendían, generando un sobresalto automático. Los sustos dejaban en evidencia la sensibilidad de mi percepción. Al menos eso era lo que quería creer: un hilo delgado que se perturbaba al sonar esas composiciones revueltas que pude convertir en música, con mucho esfuerzo. En música, mu-si-ca, tenerlo en la mente antes que suene y después acompañar apenas la cadencia, surfear la ola del arrullo melódico, creyendo en un sentido claro detrás de cada verso. Así es que logré emplear media sonrisa al menos ante un ruido, porque con buena cara hasta el mayor sobresalto, comprendí, resulta querible. Un blues me hizo despertar luego de una siesta que juré, duraría años; un blues con sus doce compases y la música de aquella cantante que decía las peores desgracias de su raza con tono dulce.

A la vez la posibilidad de convertir los ruidos en música facilitó sobremanera mis relaciones sociales. Puesto a agradar o hacerle creer al otro su supuesta importancia llevaba conmigo la composición que creía mejor le sentaba, lo cual volvía más fácil las cosas tratándose de seres con los cuales no congeniaría ni por sorteo. Ahí si que, pienso, por suerte, hay música para ilustrar tales encuentros que son inevitables, en la medida que los reconocemos. Después lo otro son ruidos, interferencias como repite mi analista, al describir el estado de vergüenza al que me sumen ciertas situaciones donde, descifro, olvido la música o, lo que es peor, reprimo la música que soy capaz de generar. Esa es otra cuestión que, sin pretensión académica, urge analizar: dado que fui capaz de convertir el mayor de los ruidos en música ¿cómo es esa música? ¿Presenta vicios del ruido originario? ¿Suena como surgida de la naturaleza? ¿Suena a secas? ¿Pretende elaborar un lenguaje? ¿un lenguaje de pretensión universal o apenas un canal de expresión personal? Responder a cada una de estas preguntas atentaría contra la esencia de una introducción, sin negras ni blancas definidas, una suerte de paraíso sonoro en oposición al cadalso ruidoso.