viernes, 19 de abril de 2013

VIÑETA I: VERANO

    Una vieja se acuclilla en la vereda para agarrar un zapallo que se piantó del cajón. El verdulero, servicial, se acerca para ayudarla y en el afán obstruye el paso a un rengo. El rengo algo masculla, para nada servicial, entre dientes. Unos pasos más allá un caniche llevado por otra vieja ladra al guacamayo que descansa en el hombro de un tipo con camisa floreada.
    Todo es pintoresco aquí y, mal que me pese, el regreso estará cargado de nostalgia. Mientras el Poli arrastra los pies, gordo y enorme, por la vereda de enfrente. Lo veo entre las ráfagas producidas por los autos en la avenida empinada que desemboca en el mar.
   Y el mar espejo de tu corazón, pérfidas parecen mis palabras ante tanto cuadro llamativo. Gordo y enorme, Poli, espera que el semáforo de la luz roja y el automovilista, impaciente y pequeñísimo, se enamora de a ratos de una vendedora de ropa que sonríe, sonríe, sonríe entre blusas, blusas y blusas.
    Como si fuera sopa, imagino que con una cuchara revuelvo el caldo de mi verano, liviano y efímero. Tan es así que podría elevarse y llegar al piso más alto del edificio costero, en el cual la mueca burlona de un distinto se hizo trizas en la vereda recién amanecida de un marzo sin sol. Le pongo una ficha al corazón de los lobos marinos en esta quietud, horas sin prisa recíen horneadas en ojotas de colores primarios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario