(La correspondencia
entre la Sra. Mercedes
Gonzalez “Merce” y la Sra. Zulema
Di Pietro “Tiki” fue hallada dentro de una pequeña caja celeste ubicada a los
pies de la cama de “Merce”, junto a facturas y otros documentos de diversa
procedencia)
Querida Tiki:
Te
escribo para que me digas si estás siguiendo la novela. Hace una semana llegó
mi nuera de Mendoza y sólo alcanzo a ver partes de capítulos, cuando no el
final. ¡Me quiero matar! justo ahora parece que él se está avivando y se da
cuenta lo mosquita muerta que es ella. Pero, por eso, no quiero aventurar
demasiado porque por ahí no es tan así y me hago ilusiones al pepe. Es que este
hombre es un maestro como escribe, te hace creer que este Pardino es malo, malo, y hace dos
años hacía de un buenudo insoportable. Ahí por más que actúe Alcón tiene que
haber buen texto, que le dicen, una buena mano atrás vos sabés de que te hablo
si somos casi gemelas en esto, aunque a vos te tiren más los galanes maduros,
como ese que enamoraba a la tere y le
cantaba valsecitos en la ligustrina, día y noche, como si el resto de los
vecinos no le fueran a tirar con agua caliente. Los galanes maduros y las
señoras bien, porque te conozco mirá a vos Tiki eh y esa especie de gusto por
lo fifí se te nota en la cara cada vez que nos vemos o en la voz las veces que
podemos hablar por teléfono. Ahora ya casi nunca, claro, desde que el
insensible de tu hijo te conevenció de sacarte la línea y encajarte ese
aparatito. Más barato, más barato, pero me querés decir ¿qué cazzo haces con un
celular vos? que te tengo que escribir, no sólo porque me encanta, sino porque
consentiste ese despojo en tu propia casa. Está bien, sí, no soy yo la indicada
para hablar de tu hijo y el modo en que administra los gastos de su madre, ya
renegamos bastante sobre eso, dejémoslo así entonces y espero sepas contestarle
a esta gemela que comparte el placer del teleteatro. Ah, claro, estaba en que a
vos siempre te tiró lo fifí, la cosa de palacios, mayordomos con moñito,
manteles de encaje larguísimos, mucha mucha escalera, ¡arañas!, cristales, todo
eso, no me lo podés negar y está bien: es como un modo que tenés para
inventarte otra realidad, claro que una generalmente se queda con eso, con el
lujo, el material, pero viste también como sufren esas cristianas, no hay doble
apellido que valga cuando sentís esa cosa acá que te tira como un anzuelo, que
parece que te va a llevar puesta y nadie, pero nadie, ninguno de estos sabios,
ni estos chantapufis que la juntan hablando pestes de las madres, nadie pudo
explicarlo. Decí que este hombre cuando escribe, escribe, no se pone pesado ni
dificil, pone la palabra justa, hace que los actores digan lo que tiene que
decir, con respeto, educación... ay, no sabés como se puso Susana hace unos
meses cuando escuchó a este Pardino decir una mala palabra, una eh, pero claro si
el hombre estaba desesperado qué querés que diga, buñuelos... tampoco es para
tanto aunque reconozco que fue fuerte oirlo decir eso pero no se puede ser como
Susana, no, que de ahí no prendió más el televisor; ella dice que fue porque
justo estaba con el nietito y se puso toda roja, pero escuchame vos si justo
justo va a estar a las diez de la noche con ella... que se yo, siempre me
pareció una exagerada, ahora hace rato que se la da de Juan Pablo II con esa
otra mujer que la acompaña a todos lados. La gente cambia, viste Tiki, nosotras
también por supuesto, pero hay algunas que parecen que lo hacen a propósito.
Bueno
Tiki, no te molesto más. Respondeme al menos para decirme si la seguis viendo.
No vaya a ser que ahora estés hipermoderna y también se te haya dado por la
computadora. A mí, querida, puño y letra, aunque sea dos líneas de morondanga,
viste, no seas mala, no te sientas comprometida ni intimidada tampoco, eh. Un
beso y saludos a los tuyos.
Merce.
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