domingo, 30 de marzo de 2014

MENTES SOSPECHOSAS



   "Ricording a trap". Ri-cor-din-a-trap-p.
   Hubo un tiempo en el que estuve muerto por vos, tanto que si hubieras sido una actriz podría empapelar con notas la casa donde vivo (o vivía mejor dicho, porque ya me fuí de ahí y vos ya no me volvés loco y nunca actuaste en escenarios). De verdad que enloquecía con poco: tu forma de vestir o verte ríendo con otro. En algún momento tenía que irse ese capricho de mi mente y, por suerte, se fue, de un día para otro. Hace un tiempo ya.
     Ahora puedo comer chocolate solo, sin culpa, tampoco tengo ya la obligación de agradar a amigos ajenos. Aún imito a Elvis después de la ducha, pero ya no busco una sonrisa o aullido histérico en tu platea-cama; amplié el repertorio de prohombres de la canción, quiero componer canciones como ellos y ponerle una musiquita suave pero fuerte. Exaltar sentimientos, describir el entorno; ayer necesitábamos  de los cuerpos como si fueran esponjas, hoy con fotos digitales sale el ensayo de la vida feliz: familia, vacaciones, autos, sastrería, home theather y de qué modo podría etiquetarse el pedacito de existencia compartida. ¡Ojo! no cualquier se da con cualquiera, que somos millones en el mundo, en el continente y en el país. Lógica pura. Que no dejan de aparecer fulanos con título, haciendo fuck you por teve o enrolados en cualquier causa solidaria, por no decir, encarcelados, en terapias intensivas o pasados de drogas legales. Millares de desilusiones reales o virtuales, algo que puede estar administrando un dios de escritorio, sin barba y más joven que el pan industrial, que sabe todo porque ve conversaciones y charlas, incluso del tiempo en que estuve muerto por vos, con nuestros mejores perfiles, las pupilas bien dilatadas y una tonteria tras otra. Estuve tan muerto que antes ni lo sospechaba.

     "We're caught in a trap".  Ri-cor-din-a-trap-p.
     A veces cuesta dimensionar lo que fuímos capaces de hacer, de qué modo una extremidad del caracter se estira como queriendo independizarse. La extremidad es nuestro talante, adornar con flores mojadas una dulce amistad con figura de panal. Si fui egocéntrico por irme antes de las fiestas dolosas que tanto te incitaban al espejo; si fuí, porque estaba muerto por vos, era demasiado y para qué competir con la propia cábala de no querer dejarte sola. La cábala, hastío, consistía en forzar una necesidad mutua: compartir un espacio común, por horas, para ver en qué grado nos necesitábamos. Una idiotez. Y, estaba muerto, estaba como en Memphis pero en Tolosa, más cerca de las vías del tren que de un frasco de pastillas. Es así: cuando se está muerto por alguien ( y eso que todavía no hablé de la peor es nada en cuestión. Quizás porque compulsivamente adopto un estúpido tono de poeta, muerto también en su inventiva, que se emperra en destacar un rictus hondo a lo Da Vinci, una cabellera negra arada siempre medida al compás de la voz mansa, que podía aullar si de hacerse oir se trataba) no hay señal más evidente que las más notorias y, por ende, las menos creíbles. ¡Verosimilitud! elemental Watson: y uno tan muerto que pretende cerrar los ojos con un solo pie. Qué chasco. Parece mentira la sal que se derrama en vano cuando no se llega a ser una babosa: bicho noble que, al menos, jamás sintió amor.

      "We can't go on together with suspichos maind".
      Estarse muerto es como no darse cuenta de lo evidente, ver pasar gaviotas delante de los ojos creyendo que son boomerangs pequeños. Alguien tiene que avisar: no dara para más, the dream is over, ya no es lo que era, algo de ustedes se escapa. Pero no es así: hay que activar un noveno sentido, el del abandono, que activa de inmediato los recuerdos más atroces, como los de la primera vista, aunque tamizados por el contrapeso desleal del idilio venido a menos. Cómo eran, entonces, esas sospechas...

      "When jonny, you nou i've never lid to you. Yeah"
       Había algo parecido a un metrónomo que se rompió en la relación. Clac, clac, clac, silencio. Cuando los sonidos son iguales, noche y día, parece que van a durar por inercia, hasta que sin razón se silencian. O con la peor de las razones: la que no tiene explicación, la evidente y tonta. Sonaba todo tan igual (monocorde, eso) que no había daño si dejaba simplemente de sonar. Eso pasó, de muerto que nada variaba si seguía estándolo, excepto claro el motivo: de estarlo por alguien (idiota, tal vez), clac, a pervivir sin nadie.


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