lunes, 22 de diciembre de 2014

A3- FUNCIONARIO

Hábil declarante, siempre de inauguración, ayer lo  al funcionario hablar. Tiene voz de pelado (así, finita, de encadenar sucesos), de entrada le hizo un chiste al conductor sobre el tema que comentaba con la locutora en el piso, sobre una calle de Colegiales. Después comenzó a irse por la tangente, sin inmutarse, hablando de un museo para veraneantes y poco sobre la crisis del partido de gobierno, él, agregado cultural hoy, embajador ayer, secretario de algo mañana. Quiso hacerle, de gusto, una finta dialéctica al interlocutor que procuró pararlo en seco, porque estaba cerca el top, por ende el informativo; los presentadores cambian el gesto si hay retraso y la finta quedó trunca pero sin borrar la sonrisa que seguramente tenía, confundida con la pantalla de su tableta que luego soltará como si quemase, suspirando antes de estrechar alguna mano diestra. De profesión, funcionario, con los roperos atiborrados de trajes para la ocasión de defender una causa, así dicha en genérico: la cultura, el protocolo, las fronteras, lo que dura una gestión para regresar quien sabe de dónde con una cuota  de poder en el bolsillo interior junto a un prospecto para bajar la ansiedad. Suministrado en espacios y personas congeladas en un perímetro donde la palabra del buen parlamentario pesa como la lana de toda esa esquila, amontonada en una montaña al descubierto, oreándose cual rostro con la ventanilla baja porque el custodio permite. ¿Qué tan seguro se siente un funcionario de mediano rango, medianamente conocido? Para detenerse en el semáforo, observar al costado para asimilar el verso de la Democracia, aunque sepa que no se trate de la Acrópolis griega eso que lo aminora con cementeras verticales. Si sueña con bocas de lobos o platitos con nueces será un enigma que, quizás, devele alguna anotación dedicada, cuando contrate por dos mangos a algún pibe que le haga de fantasma sus memorias, para constatar lo demasiado que pensó en todas las áreas, siendo poco lo que habló pese a la verba inflamada y a los monitores que requieren sus sintagmas. Hoy por hoy, su modulación sabe a premio consuelo en temporada: ausentes los popes aún con esfuerzo de producción para llenar otro piso con él, diligente, con su voz nasal de pelado, con temor al masaje capilar.


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