viernes, 5 de diciembre de 2014

A5- FUGA A LO IMAGINARIO

 III

Podré sentirme onettiano esta noche, sin ser macró ni tabernero. Apenas por esa debilidad en los puños que me impide pelearle a aquel que decretó la ablación, al que fondeó los naipes para aventajarme siempre, para que vea de reojo y dé con mi cuerpo a la sombra o finao. Con pretensión de ciudad sin puerto, cuya cadencia adormece, hace moquear a las viejas, feas, que usan laurel por encima de la dentadura escasa para refrescar las encías. Podré sentirlo cuando ya nada importe, con el presagio de una ceguera a flor de piel, mordido por la neurosis y enfermo de delirio, contando al aire mil veces los mismos recuerdos personales, enumerando las promesas de la loca Patri, que descolgó sus blusas y no las entró jamás. Hasta sentir molestos los labios como anillos ásperos e hincar la nariz en señal de disgusto. Podré sentirlo más que nunca al contemplar tres billetes arrugados sobre una mesa de luz nocturna; tres: uno para cada niña que pida su favor. La dosis de alcohol: Ayer estabas tan linda, sonreías, que pena que hayas enfermado tan de golpe. Espero no se te borre la risa cuando te toque el doctor, cuya matrícula resiste a la lluvia. Que pena también no poder ver más seguido el muelle, no tener un auto en alquiler para ser puesto allí un rato largo, acalambrado, revoleando los ojos como hastiados por desesperanza sin un halo de luz, semejantes al oscuro foso entre dos rocas que la luna baña de rebote.
Para qué la prisa adentro del mismo cuerpo, para qué tirar la cuerda permanente si ya se atrofia su proceder, para qué amontonar letras que forman palabras si ya pasé a degüello mi propia empresa: mansa como ternero ajeno, confuso preludio de retreta. Si apenas podré quitarme la ropa en pleno baño de alcoholes, manchando los pechos de una enfermera improvisada que luce apenas un pañol para que los intrusos la reconozcan, consolando un cuerpo carne. Si así me siento esta noche, irremediable instante donde simulan huir sin amagues los códigos que amé y reconstruí para darme existencia: dorada, azul o roja, pequeña partición de alma sana que se evapora cuando duerme.



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