En
la página 126 está lo que necesito. Debo llegar a ella como si fuera una meta,
la primera de esta nueva etapa. Las chicas ya volvieron de Europa, visitaron
tumbas y museos, así que puedo hablarles con franqueza de lo que me pasa, pero
para eso tengo que leer como dijo ese doctor regordete de la tele. Sólo en la
lectura, casi una meditación personal, hay pistas para conocerse una misma,
como si fuera un espejo lo que se tiene en las manos, aunque de tapa dura,
amarilla, agradable para mostrarlo o prestarlo a las que necesitan lo mismo,
respuestas, algo parecido a esa sensación de domingo a la tardecita que ya
viene automática y por qué, si es una infelicidad que se arrastra desde chica.
A fin de cuentas, casi todos tenemos los mismos problemas y es bueno tener
quien los ordene, porque siempre hay uno que sabe más, para decir, dar en la
tecla con la explicación. Les digo a las chicas pero no quieren entender, se
hacen las superadas, dicen que en facebook ya aparece la página 126 y la
anterior, que se repiten, que otro la comparte, que otro comenta “hermosa”, ¿otro
quien? le digo a las chicas y me dicen a coro, pero separadas, no sé, un
conocido que tiene o parece que tiene una vida bárbara. Seguro leyó lo que yo
estoy leyendo, pienso, intentando llegar a la 126, aunque no tiene sentido que
me apure, sino que debo sentir cada frase, repetirla en la cabeza, casi como el
yoga, inhalar exhalar, leer repetir hasta que te quede así, después podes
aplicar la enseñanza en cualquier lado: si te dan mal un vuelto, si la yegua de
tu compañera coquetea con el proveedor, si te detectan una mancha en la piel,
que es todo tóxico como le dicen, te contaminan de la nada... en la medida que
vos te dejes contaminar, claro, eso lo dice el doctor: la vida es una puerta,
acordate que vos decidis cuando abrir, cuando cerrar, quién entra, quién sale y
acordate también que tenes la llave, si cerrás no es tan fácil abrir, cuando
estás en el piso dar las dos vueltas es como subirse al Himalaya un día de
nieve. Qué claridad conceptual, con que aplomo debe haber traducido esa imagen
para que a una se le grabe acá. Igual que la del espejo, que no necesariamente
tiene que ser de vidrio, es metáfora, porque también es amarillo, liviano,
tranquilizador pese a esa semi ansiedad que recorre los brazos antes de dar con
la página donde aparece escrito lo que preciso, ahora que las chicas regresaron
y quiero que me vean mejor.
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