miércoles, 30 de diciembre de 2015

B3- UNA FORMA DE RECUERDO

        UNA FORMA DE RECUERDO (soft metal) 2:29

         Entre los dos creyeron que podían hacerlo. Fue un día feriado, último posible antes que venciera el plazo que ya arrastraba cinco años de retraso y avisos en forma de precarias notas sobre la fría piedra. Con el cielo gris por completo, a Donato le llevó un poco más de insistencia convencer a Damián para sacarlo de la casa. Lo aquejaba un leve resfriado y cierta distancia con lo que pensaban hacer: no tanto por el gesto humano, sino por sus dolores de espalda, evidencia de una columna atrofiada. Hubiese preferido ir otro día, pero fue ese feriado que llegaron allí.
            Un perro chico y flaco se mojaba en un charco del cordón de la vereda. Al bajar del auto y cruzar la avenida, Damián percibió a una familia demorada en el puesto de flores decidiendo entre distintos colores de claveles frente a una vendedora cuya cara no decía nada. Sintió sus ojos desviándose sobre él al pasar por la vereda; Donato venía unos pasos más atrás y ambos se hicieron uno al atravesar el pórtico abierto. Algunos cuerpos caminaban, ninguno solo, se trataba de cierto paseo extraño, el de recordar, por homenaje o culpa, a los que ya no estaban. Las hojas secas de los añosos árboles formaban una leve alfombra entre las calles diagramadas del cementerio; desde la entrada, era una hacía la derecha y cinco hacía adelante antes de girar a la izquierda para dar con la tumba.
           Cuando estuvieron frente a ella, no sintieron nada distinto ni especial: el ritual de los adioses fijados aniquila cualquier emoción, llegarse cada dieciocho por mes o por año al modo de una personería que los refleja ante un pedazo de mármol con ramitos secos y la misma inscripción. Ahora había que mover como sea ese pedazo de piedra, de ele levantada que representaba el perímetro de un cuerpo descompuesto. Iguales de pesados en el armado, Donato buscó con sus ojos a algún cuidador para completar la faena, buscó al mismo a quien ayer retaceó la tarea por querer cobrarle 200 o 250 pesos calculando mano de obra. Al cabo de un rato, cuando ya colorados y con fatiga, se acercó completaron entre los tres el traslado módica de la estólida cobertura. Corrieron el bloque a un costado, procurando que no obstaculizara el paso y, antes de limpiarse un poco el barro y respirar, tanto Donato como Damián observaron la porción húmeda de tierra delimitada, manjar de lombrices, parcela cavada hace más de una década, el doble necesario para que sea convertido en nicho el recuerdo de la única mujer que los había unido de verdad.


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