Ya dejaste:
tu pelo suelto,
la sonrisa
quieta ahí.
Quisiste una
fotografía
permanente
de la feliz
estadía, y
así estás
parecida
a un cuento,
con sus fines,
recurrencias,
piel escrita,
traducción.
Ya dejaste:
tu cama vacía,
la disculpa
en voz alta.
Quisiste un
daguerrotipo
constante
de la torpe
compañía, y
sigues tan
semejante
a un acorde,
con sus tonos,
recursos,
clima armado,
diapasón.
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