martes, 18 de febrero de 2014

AMOR DEDALITO


            Guarismos de las pequeñeces que tan mal hacen a la relación, al estilo de módicas corrupciones. El fuego eterno del encanto resplandece en cada esfuerzo de levantarle una pared al terreno de la evocación. Cuando esas pequeñeces no contaban ni como hectopascal y podía soñarse con una casa en las afueras de la ciudad, para compartir un fin de semana o reinventar la relación. Historia pasada.
            Hoy que vi, por casualidad, en la televisión de la tarde, como un joven se declaraba a una amiga. Le daba su amor televisado y a ella no le quedó otra que, intimidada, aceptar. Hablando maravillas de su sonrisa, amiga, su modo de ser, amiga, su predisposición para el juego, amiga. Un talk show de los que abundaron en otro tiempo y suelen generar ideas a un distraído. Por qué no podría hacerlo para repuntar la relación que aún nos une, la confirmación de lo nuestro asolado por mínimas corrupciones, en directo para mi señora propia de las tres post meridiano. Con maquillaje, una actriz que conduce, haciendo chistes con el apuntador, el micrófono corbatero adentro de mi cuello, con clase: en realidad creo que nos seguimos amando mucho, pero últimamente algo nos atonta, nos afofa, una piedrita en el engranaje, una basurita en el ojo, enfoque señor director la tristeza por lo que se va de las manos. Ayer tanta caricia, tanta caricia, bailar apretados... creo que, en el fondo, somos víctimas del sistema que tritura amores como novedades. No puedo seguir hablando. Veo en el monitor su mirada transparente de agua, el vestido ceñido, la lengua jugando de ansiedad entre sus labios y ... lloro, lloro, de impotencia.
            Hay amor. ¿Hay amor? Ahí amor. Ay amor. Amor ay. Amor divino pronto tienes que volver a este hogar, sino el cerebro putrefacto se dará de bruces contra las chiquicientas pulgadas. Los valentines abandonaron el nidito espantados, en busca de otros niditos más dulces, menos corruptos, diariamente pervertidos. Por el quedarnos en encontrarnos allá y no acá, a esta hora y no a esa, para ir a comer con mi madre y no con tus padres, o leer aquellos poemas de Benedetti que ya no nos mueven ni un pelo auténtico, para escarbar la corteza de un tronco y escribir nuestros nombres telegrama. Mutis por el foro suelen hacer los actores, no los amores y no sé por qué es tan prolijo el escarnio cuando se hace sin espectáculo. La mínima diferencia es la que más lastima si se tiene la certeza que pronto se hace bello lo que nunca tuvo ganas de serlo. De pronto, te parecían corruptos hasta los despertares, con tostadas o sin ellas, con ellas o sin mermelada ni queso crema. La boca se nos hizo a un lado cuando, de golpe, anestesió el deseo: ahora a buscar en otras veredas corazones para recolectar: bolsas verdes, los secos; otras bolsas, los ingenuos y delicados. Pequeñez, pequeñeces, dedalitos, dedales, la escena televisada de un amor juvenil, limpio, puro prototipo.
            Más allá, alguien, más o menos corrupto, ha decidido que la pieza sea movida en una dirección errónea. Si alfil, sería recto; si rey, en ele; caballo, suelto por inmensos tableros con la crin esclarecida. Sin repechaje posible, firmo mi renuncia innecesaria que me dejará bien parado en los futuros libros del amor sano, amor dedalito. Y después que murmuren los cobardes, plano secuencia final.




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