Una vieja llena de bolsas. Bolsas de la Confitería Ritz,
de algún hipermercado, son como seis las bolsas. La vieja pela una radio
portatil, sintoniza a Victor Hugo. Al lado de ella, en la ventanilla, una monja
mira en diagonal hacía el cordón. La vieja le conversa y la monja apenas
musita.
Una vieja llena de bolsas le dice al
chofer: acuérdese de avisarme donde bajar. Insiste mientras muerde un pan.
Insiste y le repite que le avise donde tiene que bajar.
El chofer le responde a los veinte
minutos del viaje. En la otra doña, espere que pare le grita casi. La vieja le
agradece y baja por adelante con las bolsas y la radio. Pero una vez en la
vereda toma el rumbo contrario al que le indicó el chofer.
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