sábado, 26 de septiembre de 2015

TRÉBOLES DE HORCHATA


-Es sencillo: Usted siente que necesita algo, va, pide y se lo dan.
-¿En serio?
-Sí.
-Mire usted. Yo que creía que había una serie de circunstancias estructurales o anecdóticas que tendían a conspirar o atemperar la voluntad manifiesta de uno cuando se encuentra levemente sacudido o rozado por sensaciones que lo acercan a experimentar una especie de vida o certeza de pertenecer a la especie humana y, por ende, corroborar, sin previo aviso, que lo que regurgita en brazos y piernas como río torrentoso es sangre que puede ser de cualquier tipo o factor, pero que, definitivamente, no es horchata.
-Ehh, si lo necesita y lo siente de verdad puede pedirlo sí, se lo dan y chaupinela. No tal historia que usted supone. Creo que ni un papel para firmar ni nada. Tiene que estar medianamente convencido, eso sí...
-Claramente esta conversación se parece a un festín de adverbios je...
-...
-Había oído hablar también de cierta clarividencia en razón de, claro, el convencimiento, pero la certeza o precisión de distinguir que es lo que agita los tréboles de nuestros sentimientos que casi siempre son de dos o tres hojas y es que uno se extravía o se desdibuja buscando uno de cuatro y cuando gira la cabeza o el torso percibe que está en un laberinto y tantea las paredes, frías como escamas, sin saber si seguir avanzando o retroceder o recostarse o ponerse a reptar, claro que sí, como dice si se puede pedir y es así automático...
-Me tengo que ir. ¿Qué es lo que va a hacer entonces?


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