sábado, 27 de julio de 2013

LAUTREC (obra inconclusa)

          A fines del año 2005, un joven Pedro Diestra fascinado planeó una faraónica obra inspirada en el pintor francés Henri de Toulouse Lautrec. La obra, de caracter surreal y plena de colores (entre los que predominaban los rosas y los amarillos), tomaba aspectos biográficos de Lautrec y tenía como inspiración la libertad, algo que a Diestra muchas veces lo inquietó.
           Sin embargo, comenzado el año 2006, sus intereses habían encontrado otro hostal, y la obra sobre Lautrec quedó inconclusa.  Ante los reclamos de sus colegas, el jovenzuelo se escudó en la misma libertad que lo inquietaba para explicar el por qué de su abandono: "El hombre es libre, tanto como para cambiar de fascinación constantemente como para cambiar de puloveres o de dentífricos".
             De aquel arrebato, conservamos estos dos escritos que se reproducen tal cual fueron concebidos, aunque sin el color que les hubiese tocado en suerte.


                                                          BASTÓN
             Cierro los ojos, bebo un sorbo del agua pura y comienzo a decírtelo:
             (ojos cerrados, agua)
           "Estoy harto que distraigas a las chicas con tus estúpidos juegos de cartas. Y que, encima, dejes olvidado tu maldito bastón y sea yo quien deba acordarse de devolvértelo. ¿Lo has comprendido?. Mejor que sí, sino la próxima te sacaré de una patada a la calle..."
         Mientras tanto sigue bailando Jane Avril: ahora hablo de ti, luego que Yvette Guilbert salude al público... la, la, lalala, lala...
               (saludo, concluye saludo)
         Jane Avril no le retribuyas así, levantando tanto tu trabajada pierna. Contorsionas tu cintura como si fueras a quebrarte y sonríes. Bailas, bailas, como un ejercicio de libertad absoluta ante la mirada de los asistentes. Pero no te detengas a escucharme, sigue bailando por favor...
        Carmen, tú estás de frente, con tus ojos verdes además, y un fondo de gentío escarlata. Quizás yo fuí...
       Quizás yo fuí el barbudo ese con sombrero negro que miraba de perfil entre damas, detrás de la payasa Chau-U-Kao. Sí: debo haber sido ese en 1895. 
       No quiero que lo comprendan, saldré corriendo si lo comprender. No es necesario comprenderlo todo. Apenas mirar, manos en el bolsillo roto del conde y Godebski fumando en pipa. Es prioritario soltar una carcajada por todo esto...
                   (carcajada)
     Amaestrar perros para hacerlos llover. No te detengas a ver la nieve. Camina siempre para adelante. Tén sueños japoneses, sueña en japonés y libera todos los venteveos de tu alma. En tanto Jane Avril no deja de bailar y de agitar las piernas. Y Henri Dihau, en su retrato, parece a punto de suicidarse. Pero Jane Avril no danza con los guantes celestes puestos.
       Afiches. Afiches. Afiches. Afiches.
       Eres libre, a fin de cuentas.
       "Espero que lo haya comprendido y no olvide más dejar su bastón por aquí..."


                                                 COSQUILLAS
                      (acostado sobre el cubrecama, aunque vestido, comencé:
                   "las cosas no deberían ser explicadas. ¿Por qué todo debe tener una razón? No hay necesidad de coherencia. Es así y el que crea entender algo, bien. Si no entiende, no importa, no hay nada por interpretar. No todos los huevos tienen un pelo, por favor..."
                    Acto seguido intenté besarla, pero ella me quitó. Lo quiso hacer con elegancia. No le salió. Volvimos al principio: mirando al techo, la nada.
                     Así la púa cosquilleó al surco y el surco comenzó a reírse)
                    ¿A qué lugar perteneces? ¿a qué lugar pertenezco?
                      Tú, hombrecito:
                     ¿Dónde te has roto la clavícula? ¿has sido tú o fue un matón?
                    Dudo que allá en París una de las mujeres que te disgustan te haya obsequiado ese perro de porcelana. El perro siempre bajo tu brazo. Pero, igual, tienes rota la clavícula y hasta los microbios se resistirán a morir con tu petróleo...
                      Sin embargo, lo ves. Lo ves, lo ves, Enrique, lo ves...
                    Perro y monóculo, pipa en el trasero y espuelas, gato acurrucado bajo el sol. No temas: todo perro se detiene ante un loro. Más perros arrollados por trenes... ingrato maquinista...
                      Tú, hombrecito: 
                     ¿Hubieses abrazado de frente a la gran máquina?
                     ¿Hubieses dejado tu cuerpo caer inánime un segundo antes?...
                       Ay! te desplomaste en el burdel
                       Te llevan a una clínica para desintoxicarte... soluciones sencillas.
                       Recuerdas los cuadros pretéritos para salir de allí.
                      Recuerdo de cuadros pretéritos: libertad. Eso!
                      Sólo quieres ser libre. No quieres enfermeros, ni rejas.
                   "Papá, tienes oportunidad de hacer una buena acción. Estoy encerrado, y ya sabes que todo lo encerrado muere..."
                  ESTOY ENCERRADO Y YA SABES QUE TODO LO ENCERRADO MUERE.
                   No, no, no, no morirás.
                   En la costa navegarás, pescarás y nadarás.
              (suelo soñar: esa vez se emborracharon sin excepción los presentes, y tú que siempre lo hacías, esa vez no...)
                 Sé feliz, eres libre. Nada más importa. Contempla y retrata en silencio a la pasajera rubia, esposa del funcionario consular.
                      (¿En otra vida fuiste esposa de un funcionario consular?
                 Por nada.
                 De todas formas quiero que lo sepas: suelo soñar y en mis sueños es diferente).



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