jueves, 13 de octubre de 2016

CARNE DE DIVAN


Recuesta su cuerpo como cada semana debajo de la reproducción de un cuadro de Kandisky. Lo observan los lomos de algunos libros, entre ellos las mujeres de Freud y escritos de Lacan que, mudos, no pueden faltar. 
Oye pequeñas toses y asentimientos, mientras enhebra su rapsodia semanal, un haz de dialogo logarítmico que lo hace sentir más liviano cuando vuelve a la calle y sienta que las peatonas le sonríen aún cuando lo persiga la misma ecuación. 
Incógnita semejante a un quinto grado con distinta manera de pensar, ese intento de despejarse para dejar solo siempre apenas una forma geométrica retorcida y general.


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